Swamp Thing, de Alan Moore (parte II): Conocimiento por los abismos

¿Por qué es una buena propuesta descubrir (o releer) este comic? ¿Qué elementos en su estructura y temática marcaron un antes y un después? ¿Cuáles fueron los riesgos que encaró el guionista inglés en su llegada a DC Comics? A treinta y cinco años de su ‘reinvención’, segunda parte de una guía de lectura.

Por Gabriel Reymann

Lo justo es justo: esta nota lleva el nombre de “Swamp Thing, de Alan Moore”, pero es insoslayable el aporte de los dibujantes que acompañaron al guionista. El elenco fue numeroso, pero hay dos equipos bien reconocibles: Stephen Bissette (lápices) y John Totleben (tintas) hasta el final de la saga American Gothic en el número 50, y Rick Veitch (lápices) – Alfredo Alcalá (tintas) hasta el número 64. La primer dupla ofrecerá ideas y aportes argumentales en más de una ocasión (John Constantine aparece por pedido de ellos para poder dibujar un personaje parecido a Sting, por su fanatismo por The Police) e inclusive Bissette firmará el guión de un número ante la ausencia de Moore; otro tanto para Veitch, que inclusive reemplazará al Mago de Northampton en los guiones una vez que concluya su paso por la serie. Más allá de la notable pericia narrativa de ambas duplas con sus inusuales puestas en página hay que subrayar el aporte visual sobre todo por parte de Bissette-Totleben, una suerte de par perfecto: el trabajo del lapicista lo muestra con una natural inclinación para el lado del grotesco pero su entintador respeta su trabajo base llevándolo hacia un lugar mucho más sofisticado, ya sea por sus características y delicadas líneas o tramas como por el trabajo de inscripción minuciosa que realizaba con su plumín, replicando a la perfección texturas de musgo o vegetación recurriendo inclusive al collage. Veitch es un gran narrador también -aunque mucho más rudimentario técnicamente a nivel visual- pero el trabajo del filipino Alcalá perpetúa el mismo patrón que la otra dupla visual: sigue la base, pero le agrega su toque personal. En el caso de Alcalá ese estilo de pluma cuasi-tallado, como de inscripción en madera, le sienta muy bien a la atmósfera de la serie también.

A partir del número 37 comienza la saga más ambiciosa y representativa del paso de Moore por la serie, la ya mencionada American... El propio guionista la define como una versión de Easy Rider realizada por el escritor de terror británico Ramsey Campbell; entonces sí, hay algo de road movie –y viaje de descubrimiento- y también los momentos más álgidos de la serie en cuanto al mood de terror. Un culto de brujos amenaza liberar la completa oscuridad sobre el universo, y la preparación de Swamp Thing frente a este conflicto enfrentando las manifestaciones individuales del peligro que van preparando el terreno –cual zócalo de TN- es pretexto para algo mayor, como el mejor relato de aventuras. La estructura es episódica por lo cual se pueden destacar varios capítulos por su propio mérito individual, pero también avanza hacia una gran estructura/esquema. La introducción de tópicos sociales como la relación histórica de Estados Unidos con la violencia y las armas, el racismo, el machismo y los asesinos seriales entre tantos otros temas, es de una frescura y vigencia notables en igual medida.


Sí, soy una bruja

Swamp Thing nº40 – “The Curse” – 1985 – Dibujos de Stephen Bissette y John Totleben

Y si hablamos de usos originales de los mitos del terror, qué mejor que mujeres lobo menstruales. Partiendo de una leyenda aborigen estadounidense en la cual los hombres encerraban a sus mujeres durante el ciclo menstrual, la historia está narrada a través de Phoebe, una ama de casa de Maine víctima de otro encierro todos los días, que se convierte en otro caso más de la manifestación de la oscuridad a nivel global. Swamp Thing es meramente un vehículo para la historia: no hay enfrentamiento de ningún tipo entre la criatura del pantano y la mujer lobo; él solo se acerca intuitivamente a la mujer lobo intentando entender su ira. Si no te molesta que quien exponga las ideas sea un hombre, The Curse es al comic lo que Suggestion de Fugazi es al rock: un intento sumamente exitoso de comprender las opresiones y vicisitudes que sufre la mujer en su día a día. La confinación que sufrían las mujeres aborígenes en sus ciclos menstruales es una metáfora para el que sufría mayormente el género en 1985 –y hoy en alguna menor medida-; relegadas a complacer domésticamente a sus parejas en la cocina y la cama, presionadas por el corset publicitario a dar una imagen de femineidad idílicas tanto a nivel de conductas como de apariencia física, reducidas a un rol de sexo débil que no puede lidiar con su emocionalidad. Otro mueble para decorar el hábitat.

Con el resultado puesto de 34 años de distancia no faltará quien le exija más al planteo de Moore –que aborde la cuestión de la mujer solo desde lo biológico por ejemplo- pero no deja de ser un discurso muy de avanzada para la época. Si sos un ser humano -cualquier género, elección sexual- y necesitas que alguien entienda de alguna manera que la violencia contra la mujer efectivamente existe y no es un lobby financiado por George Soros, hacele leer a esa persona The Curse.


No hay progreso sin contrarios

Swamp Thing nº50 – “The End” – 1986 – Dibujos de Stephen Bissette, Rick Veitch, Tom Mandrake y John Totleben

Un eje por cada dos libros del run de Alan Moore. Primera tanda, identidad, darse el yo; segunda tanda, conocimiento, sacar experiencia del afuera. Una consciencia alguna vez humana, devenida en avatar del verde intenta sacar algo en limpio del incesante ciclo de violencia que rige a la raza humana –truquito efectivo el del alien observando el desmadre humano: ya explotado efectivamente antes por Stan Lee con su Silver Surfer-, Moore construye inclusive discursivamente a Swamp Thing como un ente contemplador: sus frases suelen rebosar de puntos suspensivos, casi como alguien que mastica y regurgita lentamente el pensar. El encuentro con el Parlamento de los Árboles (nº47) -un grupo de elementales del verde como él- expande su noción de sus propios poderes, pero es justamente éste el mayor aviso que le deja el consejo: evitar el poder y la ira –humanos, demasiado humanos- porque el verde es naturaleza, y como tal, sencillamente es.

Cuando el culto logra convocar a la oscuridad pese a los esfuerzos de Swamp Thing y Constantine, el elemental desciende al infierno acompañado de otros figurones místicos del universo DC (Etrigan, Dr Fate, Phantom Stranger, Deadman, Spectre) para frenar la oleada de oscuridad, mientras el blondo hechicero se queda en el plano terrenal resistiendo con aguante junto a un puñado de sus colegas. Ahora sí, se viene la batalla definitiva entre el bien y el mal pero de eso también quiere salir por arriba Alan; no hay piñas o poder físico o mental alguno, la confrontación es más bien un dilema filosófico. Etrigan, Dr Fate y el Spectre se adentran literalmente en la oscuridad para ser interrogadas por ésta acerca de su propia naturaleza, el mal; las respuestas respectivamente aluden a un conflicto fatalista con el bien sin final, la imposibilidad de la reconciliación entre ambos, y la concepción del mal como instrumento de miedo y disuasión a la manera del viejo cristianismo. El elemental del pantano ingresa resignado en la oscuridad y es su propia ignorancia –producto del periplo por los EE UU, de su encuentro con el Parlamento- aquello que desoculta la verdad la respuesta requerida: la arbitrariedad de la existencia arrasa por igual con inocentes y culpables, ¿pero hay maldad en los insectos alimentándose de las hojas, estos siendo devorados por otros insectos, a su vez éstos terminando por alimentar el suelo que nutre el verde? Swamp Thing se aleja caminando de la ola de oscuridad y ésta estrecha su mano con la luz. No hay paz, solo equilibrio y cambio de relaciones –en la tierra Constantine desdeña la victoria y habla de empate sin goles- ¿Superhéroes, comic de terror? Sí, pero en una imprecisa intersección entre Hegel, William Blake y el budismo zen. Cruce de caminos improbable, sí, pero Alan Moore lo consiguió (atención a la discusión final entre Caín y Abel: antecede por poquito al final de Watchmen y su falta de fin/finalidad).

Queda el tercer tramo de la época Moore de la serie: su núcleo es el poder. Probablemente este último tramo sea una sobrevida tras la (no) conclusión apoteótica de The End, pero qué sobrevida. //∆z