Swamp Thing, de Alan Moore (parte 3): El regalo de una flor a un jardín

¿Por qué es una buena propuesta descubrir (o releer) este comic? ¿Qué elementos en su estructura y temática marcaron un antes y un después? ¿Cuáles fueron los riesgos que encaró el guionista inglés en su llegada a DC Comics? Tercera y última parte de una guía de lectura.

Por Gabriel Reymann

La producción de Alan Moore durante los 80’s es ingente y excelsa. El británico produjo en simultáneo Miracleman, Watchmen y Swamp Thing y cualquiera de ellas por sí sola es una joya valiosa. Previamente, concibió V for Vendetta, y luego de Swamp Thing, se haría tiempo para pergeñar la quintaesencia del Joker, Batman: The Killing Joke.

Moore oficiará de demiurgo maoísta en esa década: al impulso inicial que le diera Marvel al comic adulto a través de su sello Epic, se le sumaría el desembarco de Moore y, luego, otros guionistas británicos en las filas de DC Comics para parir un sinfín de obras maestras: Grant Morrison con Animal Man, Arkham Asylum, Doom Patrol; Neil Gaiman  con Black Orchid y Sandman; Jamie Delano con Hellblazer y Peter Milligan con Skreemer y Shade. Esas flores pavimentaron el camino para la aparición del sello Vertigo, puntal del comic (para) adulto(s) en DC Comics, ya en la década del ’90. Algunas de esas historias, como Black Orchid, son claras deudoras del espíritu del paso de Moore por Swamp Thing.

La serie del monstruo del pantano sobrevivió al paso de Alan Moore y tuvo varios momentos de gran interés —su continuador directo Rick Veitch, la entrada en Estados Unidos del ahora famoso Mark Millar (Kickass, Kingsman)— pero ninguna posee esa hermosa pátina de mojón y cambio de paradigma irrepetible.

No todos los reyes saben sobre rosas

Swamp Thing nº53 – “The Garden of Earthly Delights” – 1986 – Dibujos de John Totleben

En paralelo a los eventos de escala universal de American Gothic, en el plano más cotidiano de la historia se desarrollaba una trama en apariencia más sencilla. Un fotógrafo hace un registro de Abby y Swamp Thing bañándose juntos en el pantano, las vende a un periódico y estalla el infierno chico en Louisiana: Arcane afronta un proceso judicial por amar a una planta, se escapa prófuga a Gotham y tiene la mala fortuna de caer detenida en una redada callejera.

El último eje del paso de Moore por la serie se puede leer desde el poder en su doble acepción: imperio sobre los otros y posibilidad. “The Garden…” se enfoca en el primero. El elemental del pantano regresa a su hogar físico y emocional, encuentra a su amada en prisión y simplemente se harta de una especie que degrada el ambiente que habita y que encima tiene la osadía de tomar prisionera arbitrariamente a Abby. La criatura del pantano va a hacer valer su asimetría de fuerzas, pero a su manera.

Una vez más, Moore elude los canones superheroicos con idiosincrasia. El elemental “castiga” a la ciudad convirtiéndola en una jungla paradisíaca. Hay una mezcla de situacionismo cuando Swamp Thing crea un happening en la ciudad subvirtiendo el normal funcionamiento de la urbe, por un lado, y, por otro, algo de sacrificio tarkovskiano: “Todo regalo implica un sacrificio, ¿sino qué sería?”. La retribución es una ofrenda que consigue más quórum que rechazo: se forman tribus, de hippies y no tanto, que toman al elemental como un dios y el rechazo proviene de las autoridades. El garante del status quo en Gotham —Batman, por supuesto— intenta frenar sin éxito a Swamp Thing. Queda demostrado que el sostenimiento de la ley puede tener sus límites y los funcionarios de la ciudad se convencen de liberar a Abby.

¿Final feliz? No, sería muy sencillo. Mientras se desarrollaban los conflictos legales reaparece Dwight Wicker, el segundo del Coronel Sunderland (ver parte 1), quien contrata a un tal Lex Luthor para erradicar a Swamp Thing. En el acto de liberación de Abby, en el preciso instante en el que Swamp Thing corre a abrazarse con su amada, recibe un disparo del ingenio diseñado por Luthor para bloquear su patrón bioléctrico y, así, impedirle moverse. Luego, lo rocían con napalm para asegurar el resultado. Otra vez el ciclo de muerte por fuego. ¿Y renacimiento? ¿Final? No, sería muy sencillo.

Comienza el largo día de vivir

Swamp Thing nº64 – “Return of the Good Gumbo” – 1987 – Dibujos de Stephen Bissette, Tom Yeates, Rick Veitch y Alfredo Alcalá

Los números inmediatamente posteriores relatan el duelo de la manera que le es posible llevarlo a Abby Arcane. Luego se adentran en una serie de relatos notables más cercanos a lo fantástico o la ciencia ficción, terrenos en los que supuestamente el dibujante titular en ese momento, Rick Veitch, se sentía más cómodo que en el previo de terror. En ellos, Swamp Thing se vuelve a corporizar en el espacio exterior y viaja por él. Aunque casi todos son destacables por sí mismos, haremos un repaso general.

“My Blue Heaven” (nº56) muestra al elemental varado en un edén marciano, mirándose ser en el éxtasis de la auto contemplación y el solipsismo. En el díptico 58-59 la criatura del verde usa sus poderes para curar la hambruna en el planeta Rann. En el 60, “Loving the Alien” —sí, es por Bowie— es la despedida definitiva y a lo grande de John Totleben: el elemental es prisionero de un planeta que busca ¡ser fecundado por él!, todo representado por collages psicodélico-surrealistas. Imposible no mencionar a “Wavelength” (nº62), primero guionado por Veitch, en el que, junto a Metron de Apokolips, Swamp Thing accede a un Aleph y vislumbra un joven ciego en los 20’s en Buenos Aires.

Tras el ajuste de cuentas con Wicker y aquellos que destruyeron su anterior cuerpo, ahora sí llega el reencuentro definitivo con Abby. Y el número final trata sobre la reflexión del elemental sobre el poder como posibilidad, sobre lo que se puede y debe hacer y hacia donde nos puede llevar. Alguna vez un hombre notable se preguntó “¿Por qué no interferir teniendo el poder, teniendo los medios?”. Es la misma pregunta que se hace Swamp Thing: ¿por qué no volver a utilizar mis habilidades para acabar con el hambre? La respuesta que se da a sí mismo es la clásica de la teología del libre albedrío, dejar obrar al hombre para conseguir su propio paraíso. Pero también obedece al camino del verde, de la menor interferencia posible con el ciclo natural de nacimiento, destrucción y resurgir. Opuesto a lo que pasó en Gotham City: evitar la ira, propia del hombre, el consejo del Parlamento de Árboles. Tras la despedida de un par de personajes secundarios que apuntalaron toda la etapa Moore, Swamp Thing y Abby se recluyen en la vivienda vegetal que erige el primero.

Auténtico viaje psicodélico, polisémico, ningún desmenuzamiento breve ni extenso le hace honor al camino que horadaron Moore y sus dibujantes. Ovni Press ha empezado a editarlo en castellano recientemente, para quien se anime a este viaje.//∆z