Superman: La figura mítica en El amanecer del hijo rojo

Por Diego Lentini

Pablo Muños escribe: “Superman es el prototipo del superhéroe, esa invención estadounidense que prendió furiosamente en esa población y en el mundo entero. La nueva Roma necesitaba nuevos dioses del Olimpo, y al igual que lo semidioses helénicos, los superhéroes se proyectaron como un paso evolutivo en el ser humano: los superhombres. Con más poderes, con menos limitaciones terrenales.”
Otro punto de contacto entre los superhéroes del comics norteamericano y los héroes y dioses de la mitología griega es la multiplicidad de orígenes e historias posibles que admite cada personaje o entidad mitológica, sin que una descarte a las otras. Por el contrario, muchas veces, estas historias paralelas se retroalimentan entre sí y crean la posibilidad de nuevos significados. Veamos lo que pasa, con respecto a lo dicho, en “El amanecer del hijo rojo”, primer tomo de los tres que componen la mini serie “Superman: Hijo Rojo”.
En esta miniserie, el guionista Mark Millar narra la historia de Superman, pero en esta versión de los hechos la nave que transporta al pequeño sobreviviente de Kriptón no aterriza en el estado de Kansas, ni en aguas internacionales (“Superman Nº 300”), sino que lo hace en una granja de Ucrania, en plena Unión Soviética. Pero la narración no comienza en este punto, sino treinta años después.
A mediados del siglo XX, en plena guerra fría, la población americana se entera, a través de los medios masivos de comunicación -en especial por la TV- , que la U.R.S.S tiene un arma suprema: Superman, un superhombre extraterrestre fiel al comunismo. La paranoia, que caracterizó este período histórico, se desparrama entre los ciudadanos estadounidenses. Todos creen ver a Superman acechándolos desde el cielo. Una vecina dice a Martha Kent: “Todo el país está forrando las paredes de plomo Martha, no queremos que ese Superman nos mire mientras estamos en el baño, la gente de Smallville tenemos que cuidar nuestra dignidad.” Así, quien fuese la histórica madre adoptiva del hombre de acero, en esta versión, como ciudadana americana, agradece que su querido esposo Jonathan esté muerto, para no ver como obligan a su país a doblegarse, dice, gracias a este superhombre de Stalin.
La página seis del tomo abre con la imagen de un típico suburbio yanqui. Es de noche, las luces de las casas están todavía encendidas. El balloon a la izquierda dice: “¡Miren! ¡En el cielo! ¿Es un pájaro? ¿Es un avión? ¡Es Superman!” El cuadro siguiente, el más grande de la página, representa una pantalla de tv en blanco y negro de aquellos años. En éste vemos por primera vez a Superman, sosteniendo la bandera soviética y luciendo el escudo de la oz y el martillo en su enorme pecho. La tv encendida dentro de la casa modelo del American Dream informa que: “El extraño visitante de otro mundo, capaz de cambiar el curso de los ríos y doblar acero con sus manos, lucha una batalla sin fin por Stalin, el socialismo y la expansión mundial del pacto de Varsovia”. De esta manera, Mark Millar, juega con lo autorreferencial y la parodia. Lo que fue la clásica presentación de los seriales radiales y televisivos de Superman, en este caso, es el comunicado soviético de su nuevo poderío militar. “Dame un respiro… ¿Quién ha escrito esto?” exclama Perry White (1), al ver la transmisión, remarcando el carácter irónico de la escena, digno de un sketch de Capusotto (2). Finalmente, la página cierra con un cuadro en el que el presidente Eisenhower se lamenta: “El F.B.I., el Ejército y la C.I.A. han quedado obsoletos.” Los súper poderes del estado americano ya no ofrecen seguridad cuando el protector supremo, esta vez, no está de su lado. Es esto, realmente, lo terrible y caótico para la nación. El súper hombre, el ideal de hombre, NO es un ciudadano estadounidense. El mito ya no les pertenece. El dios los abandonó.
¿Qué pasa del lado soviético en esta historia?
Superman es un recién llegado al círculo cercano a Stalin. Tras haber crecido en una granja comunitaria en Ucrania, es ajeno al protocolo y la burocracia de los altos estratos del partido. Sólo pretende ayudar a la población y no se interesa por la política. Ocupa todo su tiempo trabajando por remediar los accidentes, que logra detectar a distancia, en toda la U.R.S.S. Fiel a la doctrina, es el Súper Obrero. Tras la muerte de Stalin, Superman, suena como el candidato a asumir el liderazgo del partido, pero él se mantiene reacio a considerar la opción: “¿Cuántas veces tengo que decirte que no me interesa la política? (…) Soy un trabajador, no un orador.” Pyotr Rostov (3), el jefe de la policía rusa, mientras observa una faraónica estatua de Stalin, responde: “Me alegra oírlo, pero dile eso a un partido que ha servido a una leyenda viviente los últimos veinte años.” En la nación soviética, comunista y atea, y donde se pretende un pueblo libre de cualquier dogma alienante, la misión destinada al (súper) héroe es otra: El líder, el conductor de masas.
Superman, al ver la pobreza y el hambre que sufre Lana Lazarenko (4), de quien estuvo enamorado en su niñez en la granja, y sus hijos, al igual que muchos de los pobladores de la U.R.S.S., decide asumir el gobierno de la nación soviética, convencido que su poder lo rescatará de la miseria.
La última página está compuesta por un solo cuadro en el que Superman se eleva en una de sus clásicas posturas lanzado al rescate. Su rostro de perfil mira al infinito. A cada uno de sus lados se despliegan dos enormes banderas rojas con las imágenes de Lenin y Stalin. Los rostros de ambos ex mandatarios reflejan la misma expresión que el de Superman. Superman exclama: “Decid a sus amigos que ya no tendrán miedo ni hambre. Superman les va a rescatar” La multitud en las calles alza su puño izquierdo al cielo.
Si bien comenzamos comparando a los superhéroes, como Superman, con las deidades de la Grecia clásica, el escritor Marcelo Birmajer, en el prólogo de una recopilación de historietas del hombre de acero, afirma que, si se mira bien, el origen de Superman coincide con la historia bíblica de Moisés: El bebé rescatado de las aguas, que al crecer recibe dotes divinas. Como se sabe, Moisés libera a la nación judía del yugo egipcio y la conduce a la tierra prometida. Éste, al igual que Superman, utiliza su poder celestial exclusivamente en favor de su pueblo. Cercano a esta perspectiva, Mark Millar, coloca a Superman elevándose entre los líderes comunistas: El (súper) hombre que tiene, o cree tener, el poder para lograr la utopía social. El mito se vuelve historia y la historia se vuelve mito. La figura del líder conductor de masas, vista como un mito arquetípico, presente y necesario en la historia de los pueblos.
Millar ve a Superman como el hijo del Dios caído al mundo para redimirlo, coincidiendo con esta vinculación del superhéroe con la tradición judeocristiana, más que con las figuras paganas de la mitología griega. Para terminar, viene justo recordar una escena de los Simpson en la que Homero se encuentra arriba de un camión grúa que se dirige a toda velocidad, y sin control, hacia el río. Mirando al cielo, con las manos entrelazadas, como rezando, dice: “Si de verdad estas en el cielo. Si de verdad existes… Sálvame Superman.” Otra comparación entre Superman y el Dios cristiano. Es que el carácter divino del Súper-Man, no es su capacidad de volar o su fuerza extraordinaria, sino, su misión redentora.(1) Es el editor en jefe del Daily Planet de Metrópolis. Ha sido presentado usualmente como un personaje de carácter fuerte, que suele gritar a menudo a sus periodistas, y como un editor estricto.
(2) Personajes de Capusotto como “Bombita Rodríguez” o “Violencia Rivas”, utilizan la forma de los productos de culturas de masas, canciones que son hits comerciales, para transmitir ideologías revolucionarias.
(3) Adaptación del personaje Pete Ross. Originalmente Pete era un amigo de la niñez de Clark Kent en Smallville, que descubrió su secreto.
(4) Adaptación de Lana Lang. Su rol tradicional fue ser el amor de Superman cuando ellos eran jóvenes, y buenos amigos cuando se convirtieron en adultos.

Referencia de las imágenes
“Heracles combate a Achelous”. Louvre, París, Francia. (Pág. 1)
“Superman Hijo Rojo” (2006) Millar – Jhonson – Plunkett. DC. Comics. (Pág. 3)

Bibliografía Consultada
Muños, Pablo. “Un poco de historia”, en Biblioteca Clarín de la Historieta nº 4: Batman, Buenos Aires, 2004.
Birmajer, Marcelo. “El más humano de los extraterrestres”, en Biblioteca Clarín de la Historieta nº 12: Superman, Buenos Aires 2004.