Rancid: honor indestructible

Después de cinco años la banda punk sacó nuevo disco y dejó en claro que aun está en vigencia.

Por Gonzalo Penas

Cuando una banda supera los 20 años de trayectoria (generalmente) empieza a ser un tanto difusa su carrera. Más aun, si es una banda punk. Rancid volvió. Esa es la noticia. Obviamente, alegra a todos sus fans. Honor is all we know es el primer disco de la banda en cinco años. Es el octavo disco oficial del grupo oriundo de California, que supo levantar la bandera del punk cuando parecía que la década del noventa se llevaría su esencia con el auge del grunge y del ñu metal. Pero ahí estuvieron Tim Armstrong, Matt Freeman, Lars Frederiksen y Brett Reed (después sustituido por el actual baterista de la banda, Branden Steineckert) para colgarse las camperas de cuero con tachas, llenarse el cuerpo de tatuajes, pararse los pelos con crestas bien altas y –lo más importante- hacer la mejor música punk de las últimas décadas.

Pero es innegable que la banda tuvo su momento imborrable en los primeros discos: Rancid (1993), Let’s go (1994) y …And out come the wolves (1995). Esa (perfecta) trilogía de discos marcó al punk de los noventa y también a una generación entera. Años más tarde, con la salida de Life Won’t Wait (1998), la banda tuvo su pico de maduración (al mejor estilo The Clash) e incorporó ritmos del ska, del roots y del rockabilly. Y fue –es y será- un discazo. El nuevo milenio los encontró con una pequeña vuelta a sus raíces con un muy buen disco que no por nada se llamó Rancid (2000), y envueltos en rumores de separaciones y peleas, salió en 2003 Indestructible. De todos modos, ese pareció ser el final de la banda. Pasaron muchos años sin novedades y lo que parecían meros rumores se tornó insostenible: Rancid dejaba de tocar. Pero en 2009 reaparecieron en escena y dejaron en claro que nunca hay que dar por muerto al grupo. Así, Let the Dominoes Fall hizo que la banda volviera a girar por el mundo. Pero solo fue por esos años 2008-2009. Otro largo silencio se adueñó del grupo hasta que en 2012 hicieron una gira por Europa. Y en este 2014 volvieron a grabar.

Honor is all we know empieza con tres canciones con la impronta de la banda: guitarra distorsionada, velocidad frenética y la batería marcando el ritmo de toda la canción. De esta manera, “Back where I belong”, “Raise your fist” y “Collision Course” (estas dos últimas con ánimos de ser los cortes del disco) nos llevan hacia el punk que Rancid nunca abandonó. Recién en el cuarto tema (“Evil’s my friend”) se encuentran las raíces de ska que nos recuerdan al Rancid de “Time Bomb” o de “Old Friend”, ambas en el tercer disco de la banda. A continuación, viene la canción que da nombre al disco y que sin lugar a dudas es de las más ramoneras  del álbum. Es pública la admiración de la banda por los Ramones a lo largo de toda su carrera y “Honor is all we know” (junto a “Power Inside”) nos llevan hacia ellos. También dejan un claro mensaje en la letra “Better days are around the corner for you and me / receive the horizon / down there’s a golden glow / honor is among us / honor is all we know”.

El pequeño riff de bajo tan típico de Freeman en “In the streets” y la voz cortada de Armostrong en “Diabolic” dejan en claro la vigencia y actualidad de la banda. Han pasado los años, pero ellos siguen haciendo de las suyas. Sorprende sobre el final “Malfunction” por lo hitera símil a una canción para pasar una y otra vez por la radio. No es que Rancid no tenga canciones de ese orden pero no suele tener al menos ese estilo.

Para finalizar, hay otro punkazo como “Now we’re through with you” y un ska que nos recuerda al mejor Rancid: “Everybody’s sufferin’”. La canción que cierra el disco es “Grave Digger”, que bien podría resumir el espíritu de Honor is all we know: palo y a la bolsa. Porque el disco –que dura media hora- es precisamente eso. Un poco como en los comienzos de la banda pero con todos los otros géneros que fueron experimentando a lo largo de su carrera. Esa es la sensación que deja este nuevo trabajo de Rancid. Pero no es la única: también nos deja la esperanza que sea ¡el que los traiga por fin a Buenos Aires!//z

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