No sé qué es pero me gusta

El universo Rejtman emerge potenciado en su cuarto largo de ficción que entrega en igual medida risa y desconcierto.

Por Martín Escribano

Well there’s nothing to lose
And there’s nothing to prove
I’ll be dancing with myself…

Dos disparos aparece sintetizada en su primer plano. Un adolescente, Mariano, baila solo. El volumen de la música es alto. Aunque hay otros en el mismo espacio, nadie lo acompaña. Habrá mucho de esto en la cuarta película de Rejtman: personajes a la deriva en un océano de sonidos.

Al volver de la discoteca Mariano encuentra un arma y gatilla contra sí mismo. “Fue un impulso, hacía mucho calor”. Eso es todo lo que dice sobre el asunto cuando despierta y si se le ofrecen ansiolíticos y antidepresivos retruca que él no está ni ansioso ni deprimido. Mariano transcurre como si nada hubiera ocurrido, como si nada fuera a ocurrir. No murió pero, ¿está vivo?

Luego del episodio (tan límite como trivial) sus familiares alteran mínimamente su rutina y si bien sus acciones manifiestan preocupación, sus palabras se escuchan desafectivizadas. Muy pronto la historia de Mariano pasa a un segundo plano y nos encontramos siguiendo a Ezequiel, su hermano. Lo mismo ocurre con él y la atención queda centrada entonces en Susana, su madre. Claro que hablar de “centro” en Dos disparos es un disparate. Entre diálogos informativos y reflexiones de absurda seriedad, el único hilo conductor parecen ser los ringtones, las alarmas, una flauta que desafina.

Hay sabor, sin embargo, en el discurrir anodino de los personajes, hay lógica en el ruido, la interrupción, la desarmonía. Como en la obra literaria de Rejtman el humor seco tiñe escenas (que bien podrían describirse como random) en las que se habla sobre lo sensual de manejar descalzo o en las que se mira un DVD con los goles de Independiente.

Los elementos que definen a Rejtman como autor están allí pero su implementación se ha perfeccionado. Las cartas son las mismas que en sus películas anteriores, la partida no. Los seguidores del director encontrarán, entonces, la misma fórmula que en sus tres largos anteriores: Rapado, Silvia Prieto y Los guantes mágicos, solo que potenciada.  Quienes se inicien con Dos disparos seguramente salgan del cine con una sensación que bien podría definirse así: “no sé qué es pero me gusta”.//z

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