Lo que más quiero

Tobogán Andaluz presentó su tercer disco con un show ecléctico, en dónde repasaron canciones que ya son himnos entre sus fans. Atrás Hay Truenos abrió la velada a pura potencia.

Por Pablo Díaz Marenghi
Fotos por Nicolás López

“Un amor real, es como dormir y estar despierto”, cantaba el García de bigote bicolor en épocas de neoliberalismo y la pizza recalentada. Tenía razón. El amor no se explica, se siente, construye y comparte. Un amor como el que une a los fanáticos de Tobogán Andaluz y a los integrantes de la banda –Facu Tobogán, Federico Dopazo y Diego Pérez Arango- que presentó su tercer disco el pasado viernes 11 de julio en Liverpool Bar. Con Atrás Hay Truenos como invitados de lujo, el show reunió la esencia de Tobogán: voces crudas, guitarras sucias, bajos metálicos, baterías rabiosas, botellas rotas y bailes frenéticos. La racionalidad anestesiada; dormida en función de dejarse llevar por el viaje de luz y música que proponen arriba del escenario.

El ambiente era intimista en el bar ubicado en Arévalo y Córdoba, corazón del Palermo más chic. Parecía un clima más bien acorde a un concierto acústico que rockero. Sin embargo, al fondo se encontraba el escenario listo para que a las 22, puntual, Atrás Hay Truenos rompa el hielo y comience a inundar el recinto con sus melodías eclécticas, mixturas de psicodelia, pop y rock que los enaltecen y los hacen resaltar dentro de la nueva escena independiente. Roberto, Ignacio, Diego y Héctor se muestran cada vez más consolidados. Disfrutan y sienten cada nota, cada punteo. Que hayan sido los elegidos para telonear a Yo La Tengo no fue ninguna casualidad. “El pantano” y “Luna vieja” dieron comienzo a su set list en donde primaron las melodías envolventes, oníricas, con guitarras que recubrían cada centímetro del bar y generaban un efecto hipnótico en el público. Roberto cantando y sintiendo cada punteo; Héctor y el repiquetear de su batería, Ignacio concentrado y haciendo hablar a la guitarra; Diego a los saltos y delineando la arquitectura rítmica de cada canción en líneas de bajo. “Bronce” –tema nuevo pero ya coreado por más de un adepto- y “El encanto” sonaron al promediar el show y confirmaban una vez más la expresividad de Roby en la voz y la confluencia entre los instrumentos. “Pionero” y “El Perro” –“dedicada al mes de agosto en la ciudad de Neuquén” contó Roby- fueron dos estrenos que la banda obsequió a su público y que se encontrarán en su tercer disco, el sucesor de Encanto (2013). El cover truenizadode “Todo lo que me gustas” –Spectrum- y una versión bien power de “Frutas Secas” finalizaron un concierto que ratificó la potencia y el gran nivel que atraviesan los Truenos; una interesante combinación de frescura y madurez, psicodelia y equilibrio, densidad y minimalismo. Contrastes que se combinan y fortalecen una totalidad musical que no suele abundar en el rock contemporáneo.

Pasadas las 23, los protagonistas de la noche, Tobogán Andaluz, salen a la cancha y su público –algunos en mesas, otros agolpados en la puerta de entrada- aplaude rabioso, desbordando de ansias por escuchar sus melodías adolescentes y pegadizas. Con algunos “problemas técnicos” sonó “Seis de la mañana”, tema que abre el flamante tercer disco de los Tobogán y escupe un reclamo de amor melancólico entre una melodía pop rock rabiosa, fiel al estilo de la banda. “Se escucha sólo mi voz, esto es como un karaoke” dice Facu, voz cantante, y el público ríe cómplice, aprobando de igual manera el plato musical que el conjunto sirve: caliente, cárnico, desnudo y sincero. Una versión rabiosa de “Siempre sueño las mismas cosas” desata la locura en Liverpool. Facu canta con seriedad y sentimiento, como exponiendo sus vivencias más íntimas, toca cada acorde como si fuera el último. La audiencia contiene sus ganas de revolear las mesas al diablo aunque luego lograrán correrlas y amontonarse a centímetros del escenario, desatando el baile y el pogo enardecido, tan característico de las presentaciones en vivo de Tobogán. “Alfonsina en marte” –un homenaje a Storni, poeta argentina- contagia al público con sonidos lisérgicos y la música se detiene por unos minutos; los “problemas técnicos” proseguían y la banda decide parar para solucionarlos. El show debía continuar.

El telón se abre de nuevo y Facu toca las primeras notas de “Canción de Navidad” desatando la locura, el éxtasis y el pogo cuasi adolescente de aquellos que se acercaron a vibrar próximos a la distorsión de los Tobogán. “Un tesoro en la avenida” acrecienta el clima y “Siempre sueño las mismas cosas” se vuelve un himno que ratifica el amor que une al público con las melodías andaluzas. Las canciones hacen mella en sus sentimientos, tocan sus fibras más íntimas y desatan el coro a gritos: “Con los pies mojados me amarás” cantan y saltan los amantes andaluces, despreocupados por la calidad del sonido; dormidos y despiertos a la vez, disfrutando de un show que quizás provocaría resquemor al oído musical exquisito. Facu retoca su amplificador, la guitarra por momentos no suena, pero poco parece importarles esto a la audiencia que continúa danzando de manera casi tribal, primitiva, al ritmo de “Coney Island” y “Orión el Cazador” –cuarto tema del nuevo disco que cuenta con la colaboración de Mariano Dicesare (Mi Amigo Invencible). Una versión de “Lo que más quiero” muy cantada por el público y un cover de “La casa del sol naciente” -¿la canción más versionada de la historia?- a la Tobogán marcaron el fin de un show que desperdigó la esencia andaluza, confirmando que la conexión amorosa entre banda y fanáticos se mantiene intacta, infranqueable ante cualquier desperfecto sonoro. Dormir y estar despierto; amar, sentir y formar parte de la música.//z

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