Lo mejor 2019: Libros

Estos son los libros más destacados de 2019.

Por Juan Crasci, Pablo Díaz Marenghi, Agustina del Vigo ,  Cristian J. Franco , Walter Lezcano, Paula Puebla, Juan Rapacioli, Matías Roveta y Joel Vargas

Ilustración de Julieta Heredia

 

Historia de una investigación, Operación Masacre de Rodolfo Walsh: una revolución de periodismo (y amor), de Enriqueta Muñiz (Planeta)

Hablar de Rodolfo Walsh es hablar de periodismo. De compromiso, militancia y “dar testimonio en tiempos difíciles”. Su nombre y apellido se han vuelto un significante tan ineludible que, por desgracia, también se ha cargado de clichés, condescendencia y lugares comunes que al mismo escritor (porque, en primera instancia, se reconocía como tal) le habrían desagradado. Primero fueron mujeres (María Moreno, Elsa Drucaroff) y también un hombre (Marcelo Figueras) quienes desacralizaron su figura, ficcionalizaron su vida y analizaron su obra sin tapujos. Y con la publicación de los diarios inéditos de otra mujer, Enriqueta Muñiz, la periodista madrileña que lo secundó en la producción de Operación Masacre, se cierra un círculo. Estos diarios, escritos de puño y letra en hojas cuadriculadas y escaneados en formato faccsimilar para la ocasión, resguardan la intimidad y el brillo de una relación intima que combina amor y admiración en partes iguales. “Estas líneas guardarán para mí el recuerdo vivo de una aventura llena de riesgos y emociones” escribe Muñiz y el lector se sorprende con el trasfondo de una investigación que marcó para siempre la vida de ambos. Walsh terminaría de manera trágica (desaparecido durante la última Dictadura Cívico-Militar) y Muñiz continuaría ejerciendo el periodismo y el trabajo editorial hasta sus últimos días (falleció en 2013). Se lucen los textos introductorios, a cargo de Daniel Link y Diego Igal, que profundizan sobre la obra de Walsh y el valor de la investigación en torno a los fusilamientos de José León Suárez perpetrados por la “Revolución Libertadora” en 1956. Se adjuntan, además, textos inéditos, cartas y poemas que Walsh le enviaba a Muñiz. “No hubo inconsciencia en nosotros” le escribe Walsh en una carta escrita con máquina de escribir y que la edición escaneada permite vislumbrar el papel amarillento y sus correcciones escritas a mano en birome azul. Una obra impostergable e ineludible para comprender mejor la política, el periodismo y la violencia que circunscribieron el pasado reciente. Pablo Díaz Marenghi

Nuestra parte de noche, de Mariana Enríquez (Anagrama)

Las Fuerzas Oscuras actuando en este plano de la acción humana que se conoce como Realidad, sexualidades diversas y contra-hegemónicas, el cuestionamiento profundo sobre la vinculación canónica y formativa  de padre/hijo, el Mal (atávico) como entidad cercana y cotidiana y, como una parte esencial de este recorrido muy intenso, la resignificación (compleja e inteligente) de eventos históricos -y ardientes- que forman parte de la memoria popular de esta parte del planeta: ¿es, entonces, la novela argentina del año? Es muy probable aunque responder esta pregunta no importa en absoluto: es una historia (publicada en el año que sea) que merece su abordaje. Nuestra parte de noche viene a confirmar la solidez y potencia literaria que Mariana Enríquez viene construyendo desde siempre y, quizás, algo más importante: solo cuando las obsesiones (personales, íntimas e intransferibles) se llevan hasta las últimas consecuencias ocurre eso que algunos llaman literatura. Que haya ganado un premio importante para la región (el Herralde de Novela) no es un dato menor; pero tampoco determina en nada la lectura de una obra de estas características: monstruosa, demencial, ambiciosa, total, bellísima. Walter Lezcano

Sinceramente, de Cristina Fernández de Kirchner (Sudamericana)

Sinceramente puede abordarse desde lugares tan distintos que se me hace difícil seleccionar uno. Puede leerse como un libro de memorias, puede leerse como un manual de historia argentina, puede leerse como ensayo etnográfico y hasta como un manifiesto feminista. Es un libro que, sin proponerse seducir a nuevos votantes, capta la atención de todo el arco político y no pasa desapercibido en ninguna conversación. En una prosa imposible de ser leída sin oír su voz, simple pero no simplista, accesible pero no ordinaria, la Presidenta mandato cumplido ofreció una mirada a lo que significa ser una mujer y ocupar el espacio de poder más alto al que se pueda aspirar en una nación. Sin romantizar la política, sin grandes abscesos de victimismo, Cristina muestra cómo la política se interpone y moldea la vida privada de una mujer que no puede sino ser pública y deberse a sus todos y sus todas. Sinceramente es un libro kirchnerista sobre el peronismo. Paula Puebla

Recuerdos que mienten un poco, Memorias, en conversaciones con Marcelo Figueras, de Indio Solari (Sudamericana)

“Era una forma de ofrecer mi propia visión de lo ocurrido”, explica el Indio sobre el final del libro cuando Figueras le pregunta cómo surgió la idea de hacer Recuerdos que mienten un poco. En el “Prefacio/advertencia” cuenta que su libro no viene a corregir lo dicho sobre él en otras obras y que se trata apenas de su versión, que no puede ser interpretada como una verdad unívoca e incontrastable. Pero más allá de esta aclaración sincera, el libro es demoledor: las confesiones de un tipo que vivió la cultura rock de punta a punta, que es uno de los pocos sobrevivientes de esa generación y que en este libro habla de todo y abre su corazón como nunca antes. Un libro vital y necesario, una obra para entender mejor la vida de uno de los genios artísticos más importantes del rock argentino. Matías Roveta

Tema libre, de Alejandro Zambra (UDP – Anagrama) 

Libro tras libro Zambra confirma que es uno de los mejores escritores contemporáneos. Su virtud es encontrar en las minucias de lo cotidiano los grandes temas universales. Tema libre es una rara avis dentro de su obra. Tal como su nombre lo indica compila: discursos, cuentos, crónicas, columnas. Y demuestra cómo Zambra se mueve con soltura en cada uno de ellos. Su estilo es simple, efectivo y noqueador. Va a los bifes. Lo mejor es que siempre querés más. Lo peor es que se termina rápido. Las perlas del libro son los ensayitos donde habla del lenguaje y la traducción. ¿Alejandro de qué planeta viniste? Joel Vargas

 

 

 

Los crímenes de Alicia, de Guillermo Martinéz (Destino)

Carroll y Alicia. Carroll y la fotografía. Carroll y la pedofilia. En Los crímenes de Alicia hay una triple intriga que se trama alrededor de unas páginas puritanamente arrancadas de los diarios íntimos del autor de Alicia en el país de las maravillas. Cuando una becaria encuentra una imperceptible notita que resume el contenido de una de esas páginas (y que podría llevar a releer todo lo que se sabe sobre Carroll), empiezan las muertes. Y aparecen las fotos. Fotos que Carroll tomó a niñas disfrazadas, semidesnudas o directamente desnudas. Fotos que hoy en día podrían llegar a comprometer seriamente a quien las produjera, las poseyera o las distribuyera. Una triple intriga, pues: ¿Qué dice exactamente la notita encontrada por Kristen, la becaria? ¿Quién está cometiendo los crímenes y por qué? ¿Cuál fue la índole verdadera de la relaciones que Carroll mantenía con las niñas, sus “pequeñas amigas”? Habría que anticipar que quien espere encontrar en la novela una respuesta categórica a esta última pregunta (es decir, ese tipo de persona a la que le gustan las afirmaciones categóricas, tipo “Carroll era un pedófilo, quememos todos sus libros”), se verá seriamente decepcionado. Guillermo Martínez sabe muy bien que la literatura no está hecha para proclamar, dogmatizar y censurar. La buena literatura se hace (y se lee) para llenarse de preguntas. Y mientras más incómodas sean esas preguntas, mejor. Cristian J. Franco

Opus Gelber, retrato de un pianista, de Leila Guerriero (Anagrama)

Muchos lectores conocerán a Bruno Gelber por memes o imágenes virales. Sin embargo, el contemporáneo de Martha Argerich y discípulo de Vicenzo Scaramuzza dio más de cinco mil conciertos en todo el mundo y se consagró como uno de los mejores intérpretes de la obra de Beethoven. Guerriero subraya mediante su prosa la definición del género perfil: no es una biografía; el valor agregado de este texto radica en el recorte. Cual directora de cine, Guerriero construye un encuadre que muestra –no sólo cuenta– al personaje desde un ángulo único. A partir de horas de entrevistas, testimonios de amigos y expertos que lo conocieron, la cronista expone su opulencia y glotonería a la hora del té, su elegancia y refinamiento a la par de una extraña sensibilidad popular. También lo muestra frágil, como cuando se quebró la muñeca y temió por su carrera. En épocas de discursos efímeros y periodistas que dudan de su eficacia al calor de las fake news, este perfil reivindica lo mejor de la profesión: la pulsión curiosa, la capacidad de develar lo oculto, el trabajo sobre la materia sensible y humana. Pablo Díaz Marenghi

El mar de los lobos, de César Sodero (Alto Pogo)

Los cuentos de El mar de los lobos nos muestran la estrecha relación que con los años el hombre conserva con la naturaleza, tanto como su principal catarsis como su espejo. También sobre otras realidades posibles, en principio, a partir de su intrigante y hermoso título. Nos lleva a preguntarnos, como hacen los amantes sin encontrar su deseo en una pieza de hotel (“Lágrimas”) o una mujer que camina en la oscuridad de la playa buscando a su perra ciega (“No más que sombras”), cómo se conservan ciertos vínculos en la vida. Cómo enfrentar la realidad que nos toca, sabiendo que al final solo podremos ser a través de las decisiones que nos animemos a tomar. “Uno siempre se termina encontrando con lo que había sido”, dice el narrador de “El sapo de bronce”. Si el hombre antes de ser hombre fue un animal, el mar antes del agua bien pudo haber sido un mar de lobos. Agustina del Vigo

El día que apagaron la luz, de Camila Fabbri (Seix Barral)

El día que apagaron la luz, de Camila Fabbri es un registro coral y ecléctico que fluctúa entre la crónica, la ficción y el relato testimonial, lejos del recorte periodístico y de la investigación que aporta datos duros, la también dramaturga y actriz, se para en un lugar donde pone en práctica el proceso de escritura como un proceso cognitivo determinado por la memoria de largo plazo enlazada por un dolor colectivo.

Por un lado, aparecen entre los tópicos que rodean al libro, el retrato generacional con todos los guiños a esa época: el fotolog, la rebeldía, los rituales, los lugares de pertenencia, las tribus, la identidad, el vagabundeo, la autoridad, el nickname, el culto a la esquina y, por supuesto, el rock chabón.

Fabbri entrevistó a viejos amigos y amigas que estuvieron la noche del 30 de Diciembre en Cromañón. Más allá del retrato generacional con todos sus tópicos y condimentos, El día que apagaron la luz resulta atractiva, interesante y devorable porque es funcional en darle un marco de perspectiva y “después” a todos esos años en los que esos jóvenes crecieron viviendo junto al peligro, con la luz apagada. Ariel Duarte

La cloaca, de Guillermo Ferreyro (Paisanita Editora)

Novela de aprendizaje, y también de aventuras, La cloaca cuenta la historia de un niño que, por medio de una serie de coincidencias y situaciones alocadas, logra vengar la muerte de los jóvenes argentinos que pelearon en Malvinas. La novela, casi las memorias del personaje, se inicia en los años 70, cuando el niño tenía 11 años, Perón moría, comenzaba la dictadura más cruel que azotó estas tierras y culmina en los inicios de este nuevo siglo. Una vivienda en la calle Camarones y Juan B. Justo desencadena el ingreso al submundo de las cloacas, en las que el personaje vivirá desopilantes aventuras y descubrirá los camarones con los que intoxicará el sistema de cloacas de Londres, pasando por otras extrañas experiencias, desbordadas de imaginación, que, si bien no quiebran el realismo, lo ensanchan, lo engordan y se enhebran con los acontecimientos históricos de los últimos 40 años del país. Con La cloaca Guillermo Ferreyro ganó el Premio Latinoamericano de Primera Novela Sergio Galindo 2018, de la Editorial de la Universidad Veracruzana en México, y fue publicada en Argentina por Paisanita Editora. Juan Crasci

El sistema del tacto, de Alejandra Costamagna (Anagrama)

La mejor narradora chilena husmeó en su pasado y escribió su mejor novela. Argentina y Chile, dos pueblos hermanos. Una niña chilena visita a su familia en Campana.Una mujer chilena va a despedir a su tío a Campana.El sistema del tacto, es un libro sobre los vínculos pero también sobre el tiempo. Por momentos pareciera que todo sucede en un presente continuo, todas las épocas confluyen en una sola. Identidad y memoria, dos palabras claves de una obra que borra las fronteras. Joel Vargas

 

 

 

 

Cometierra, de Dolores Reyes (Sigilo) 

Ricardo Piglia decía que lo interesante no era ver cómo está la realidad en las obras de ficción, sino de qué forma se manifiestan determinadas ficciones en la realidad cotidiana, la de todos los días. En ese sentido y determinados por esta lectura, el debut de la escritora Dolores Reyes, Cometierra, dialoga con un aspecto de la realidad (quizás uno de los más urgente: los femicidios) de un modo notable. ¿No parece, al fin y al cabo y después de todo, una película de terror la acumulación de identidades y cuerpos detrás de las muertes de mujeres en manos de los hombres? Leer, sin ir más lejos, 2666 de Roberto Bolaño para comprender esto.
Volviendo a Cometierra. Una adolescente que descubre la ubicación de cuerpos a partir de comer tierra se vuelve, entonces, la manera en la que puede verse de qué forma aquello que ofrece la realidad se vuelve material para un texto sólido que supo encontrar sus retribuciones, circulación y lecturas de todo tipo. La pregunta que se arrastra con el paso del tiempo es si la literatura tiene algún tipo de responsabilidad con lo que cuentan los diarios, los sitios de internet y, ahora, las redes sociales. En absoluto. Si la literatura no es zona de libertad no es nada y pierde su valor. Se trata de su famosa autonomía. Sin embargo, cada tanto sucede que un diálogo entre lo real y la ficción construye un puente donde circula la perturbación y la revelación. Este es el caso de Cometierra. Walter Lezcano

Memoria irreversible, un libro de retratos, de Laura Estrin (añosluz editora)

“A estos amigos traté de cuidar escribiéndolos”, afirma Laura Estrin (1967) en el prólogo de su más reciente libro, que forma parte de la colección ensayos de la editorial independiente añosluz. Allí reúne textos escritos en diferentes ocasiones (homenajes, artículos, congresos) cuyo hilo conductor es su recuerdo de amigos entrañables vinculados a la literatura que ya no están en el mundo terrenal. Por allí desfilan Irina Bogdachevski, Pablo Chacón, Héctor Libertella, Nicolás Rosa, Luis Thonis, Hebe Uhart, Liliana Guaragno, Noemí Ulla y Ricardo Zelarayán. En el mismo prólogo, la docente de Teoría Literaria y especialista en literatura rusa dice: “la memoria hace del pasado presente y los recuerdos parecen venir del futuro”. Estrin moldea a sus retratados con una mirada personalísima que no escatima ternura, nostalgia y precisión analítica. A la vez que no abusa en ningún momento del amiguismo o la condescendencia (si tiene que alabar, alaba, si tiene que castigar, castiga). Witold Gombrowicz, escribió en su diario: “el saber, sea el que sea, desde la matemática pura hasta las sugestiones más oscuras del arte, no está hecho para tranquilizar el alma, sino para ponerla en un estado de vibración y tensión”. Tal efecto logran los recuerdos de Estrin que ayudan a socavar rincones inexplorados de la literatura vernácula. Pablo Díaz Marenghi 

Maldita tu eres, de Paula Puebla (17grises editora)

Maldita tu eres, segundo libro de Paula Puebla, en el que se recopilan artículos de temáticas varias, viene a retomar los pasos de esa primera intrusión en mundos construidos sobre santos y demonios. A flexibilizar los entramados por momentos rígidos de la llamada (en este libro) “sociedad de la castración” a través del análisis de productos culturales -libros, series, revistas, personajes icónicos- e investigaciones (crónicas en primera persona) sobre las prácticas sexuales -o de exposición del cuerpo- que aún se consideran tabú en este mundo liberal. El libro se desarrolla en tres etapas: Ficciones, Ansiedades, Carnes. Todas necesarias para que surja la escritura. Agustina del Vigo

Mañana tendremos otros nombres, de Patricio Pron (Alfaguara)

A veces no es tan importante el qué sino el cómo se cuenta. De qué manera se construye un relato para que pueda volverse, de algún modo, un espejo que refleje la realidad. Y que, muchas veces, brinde una imagen distorsionada que interpele al lector, lo incomode y lo invite a reflexionar. Tal es el efecto de la última novela de Patricio Pron (1975), ganadora del XXII Premio Alfaguara de Novela. El escritor rosarino, radicado hace más de diez años en España, cuenta una ruptura amorosa y todo lo que hay alrededor. Los personajes se llaman “Ella” y “Él” y sus amigos cercanos son nombrados con sus iniciales. Ese procedimiento narrativo produce la sensación de que podrían ser cualquier persona. Subraya el anonimato propio de la digitalización de la existencia. Las distancias se acortan. Los tiempos se aceleran. La soledad crece a pasos agigantados. Los protagonistas evaden el dolor a través de apps que posibilitan el flirteo virtual. Pron delinea el devenir de “Ella” y “Él”, la búsqueda de su identidad y el tránsito del duelo mientras bosqueja un retrato de época. Trabaja sobre una paradoja contemporánea: por un lado, comunicación permanente y, a la vez, aislamiento. Un ejemplo: “iluminadas únicamente por las pantallas de sus teléfonos, ambas en silencio, ignorantes de su desidia o convencidas de su fracaso, mostrándose una a la otra sus contactos de Tinder y compartiendo el placer de descartarlos con un gesto”. Pablo Díaz Marenghi

Manija, de J.P.Zooey (La pollera Ediciones)

Los personajes de Zooey toman birra y comen pizza, como en el inicio de Te Quiero (Sigilo), viven preocupados, tensos y nerviosos. Escuchan música indie, miran películas y series. Son como cualquier individuo que uno puede cruzarse caminando por la calle, obnubilado por el espejo negro de su smartphone. En el caso de Teo, el protagonista de Manija, recurre a una suerte de coach virtual que lo asiste en prácticamente todas sus tareas cotidianas. Sobre todo en el coqueteo con Rocío, su novia, a la cual conoció por Tinder. La novela funciona como una formidable radiografía del presente. Un tiempo en donde hombres y mujeres encuentran las distancias que los separan mitigadas por tecnología que los deshumaniza. A la vez, explora una subtrama en torno a los algoritmos y como cada vez más la sociedad deposita su confianza en ellos. Una pregunta resuena: ¿Qué pasa con la big data, es decir, con todo ese cúmulo descomunal de información regalada a los grandes emporios informáticos en cada like? La novela de Zooey funciona como una alarma. Entretiene pero, a la vez, genera una advertencia sobre el porvenir que puede volverse, por qué no, aterradora. Pablo Díaz Marenghi

Por qué escuchamos a Led Zeppelin, de Luis Sagasti (Gourmet Musical Ediciones) 

En esta nueva entrega de la colección Por qué escuchamos, de Gorumet Musical, Luis Sagasti se encarga de Led Zeppelin, a través de un recorrido arbitrario y personal por su historia y sus discos. De la evocación de esos años de descubrimiento en los que acudía al cine a ver The Song Remains The Same a la lectura cuidadosa que otorga la escucha a la distancia, Sagasti atraviesa los tópicos ineludibles a la hora de hablar de Zepp ―la potencia en vivo, la composición a través de los riffs, la gestualidad, la sensualidad de la figura de Plant, el rol de compositor-productor de Page, las sospechas de plagios, el cerebro de John Paul Jones. 

Y también polemiza por sus lecturas de otras bandas de la época ―cierta cuestión fatigosa del rock progresivo, la voz de Jon Anderson de Yes (un tanto irritante y monótona), el carácter de banda “franquicia” de Black Sabbath, grupo por el que pasaron decenas de músicos como contraparte de Zepp, banda impensada con otros integrantes― o lo más curioso del libro: el constante paralelismo que realiza entre Zeppelin y Pink Floyd a lo largo de todos los capítulos ―siendo Floyd una banda de “largo aliento”, y Zeppelin, otro tipo de potencia, más zapada y desatada, de alguna manera condenada a consumirse.

Quizás los aportes más significativos de esta nueva lectura de Led Zeppelin realizados por Luis Sagasti sean estos costados personales y caprichosos, alejados de los lugares que deben ser mencionados sí o sí al hablar de la banda, pero que al mismo tiempo sin los cuales cualquier interpretación de la obra y de la banda quedaría incompleta.  Juan Crasci

Patricia, de la lucha armada a la Seguridad, de Ricardo Ragendorfer (Planeta)

Ricardo “Patán” Ragendorfer se ha convertido en un especialista en temas de índole policial o, como prefiere llamarle, delincuencial. Ha inspeccionado a la maldita policía bonaerense (lo que le costó denuncias y persecusión) y, recientemente, a los infiltrados del Batallón 601 en las organizaciones armadas durante la última Dictadura Cívico-Militar. Su víctima, esta vez, fue la ex Ministra de Seguridad (durante el gobierno de Mauricio Macri) y de trabajo (en épocas de la Alianza) Patricia Bullrich. Patricia no pretende ser una biografía exhaustiva. Aunque si abunda en datos, nombres y fechas. Pero se posiciona en algunos hechos clave en la vida de la ex montonera devenida en promotora de la mano dura y el recorte jubilatorio: su infancia elitista (su apellido completo es Bullrich Luro Pueyrredón) y su incursión en la Juventud Peronista y Montoneros en los años setenta de la mano de su cuñado, el inefable Rodolfo Galimberti. Este libro conforma un retrato incómodo para los acólitos de la ex ministra (¿existen?) y una radiografía que resuelve enigmas en torno a una figura extravagante dentro de la política local por su variopinta trayectoria y sus flagrantes horrores a la hora de gestionar lo público. Una vez más, Ragendorfer demuestra la solidez que lo caracteriza a la hora de investigar y escribir, oscilando entre el periodista y el detective. Pablo Díaz Marenghi 

Ejemplares únicos, de Patricio Rago (Bajo la luna)

El mundo de los librerías de usados siempre fue un misterio. ¿De dónde sacan los libreros esas gemas a tan buenos precios? ¿Cómo es la movida? Patricio Rago desentraña su experiencia en el rubro en Ejemplares únicos, un libro que compila crónicas muy divertidas de ese mundillo. Rago es el dueño Aristipo, una de las mejores librerías de usados de Buenos Aires. Sus precios y los libros que consigue lo avalan. Y encima escribió uno de los mejores libros de la cosecha 2019. ¿Qué más quieren? Joel Vargas

 

Los hombres son todos iguales, de Sergio Olguín (Tusquets) 

Estos cuentos reúnen diversas obsesiones, preocupaciones y detalles en torno a fisuras cotidianas: relaciones de pareja que se desmoronan, el fútbol, el hampa, lo oriental, padres ausentes y una atenta mirada al universo femenino. Su autor retrata a una madre soltera que se encuentra con el amor de grande y de un modo inesperado («Una casa frente al mar»); a un hijo al cual le intriga el peculiar oficio de su padre («El reino del Siam»); dos amigos que se reencuentran después de años a los cuales los une el delito («Ladrones de bicicletas»); o una Buenos Aires postapocalíptica en donde dos adolescentes reviven el clásico de Shakespeare («Pasko y Julieta»). En estos textos, Olguín utiliza diferentes narradores que eligen qué revelarle al lector y qué no, hasta dónde prolongar la acción, dónde detenerse, cuándo hacer silencio. El autor logra una amalgama curiosa entre violencia y ternura. Pablo Díaz Marenghi

M, de Eric Schierloh (Eterna Cadencia) y Ciencias ocultas, de Mike Wilson (Fiordo Editorial)

En tiempos de serialización de los objetos culturales, las narraciones parecen empujadas hacia la lógica efectista de la explicación, la conclusión, el desenlace. Lecturas fugaces en sintonía con el problema de nuestra época: la falta de tiempo. Claro que hay excepciones. Se puede pensar en las obras de Mario Arteca y Mario Ortiz, universos construidos con reglas propias donde la temporalidad está sujeta al trabajo con el lenguaje. Dos novelas recientes que desafían esta tendencia a lo fugaz son M, de Eric Schierloh (Eterna Cadencia) y Ciencias ocultas, de Mike Wilson (Fiordo Editorial). En ambos casos nos encontramos con procedimientos llevados al extremo. Mientras que Schierloh trabaja con la información fragmentada de Herman Melville para componer una vida pensada en actos detallados (específicamente el de subrayar textos), Wilson hace de la descripción una forma hipnótica de narración que disuelve una trama policial.

No son textos que se puedan comparar temáticamente, pero comparten una disposición de lectura que se relaciona menos con la acción que con la atención. Volviendo a Piglia, al desciframiento de signos que no sólo revelan un significado, sino una densidad, una respiración, un tono. El lenguaje, en estas novelas, no se plantea como una herramienta para comunicar algo, sino que es ese algo donde se disputa el sentido. Esto no quiere decir que sean textos donde la forma invisibiliza a la trama. En todo caso, el argumento encuentra su relieve a través de la forma. La intriga policial, en Wilson, sobrevuela en la descripción; la vida de Melville, en Schierloh, se fragmenta en información. Ambas novelas plantean una relación corporal con la escritura: el gesto de detenerse. Y también un efecto que continúa una vez terminada la lectura: la escritura no se detiene. Juan Rapacioli

Asesínenme, Rock y feminismo en los años 70, de María Rosa Yorio (Planeta)

Carlos Alberto García Moreno es de esos personajes que despierta amor y odio casi en partes iguales. Sin embargo, el amplio espectro de la crítica especializada coincide al colocarlo como uno de los principales exponentes del rock argentino sino el principal. Leyenda viviente, artista atormentado, epíteto de genio con oído absoluto, estuvo acompañado durante los primeros años de su carrera por una mujer. María Rosa Yorio fue una de las pocas mujeres que se atrevió a tomar un micrófono y plantarse arriba de un escenario con minifalda y tacos en los setenta en una Argentina atravesada por la violencia, la represión y el machismo. Como dice León Gieco en el prólogo: “una presencia femenina que para esa época era casi revolucionaria”. En este volumen la artista abre su corazón y su intimidad de una manera descarnada. Se muestra como una niña sensible, adepta a la poesía, víctima de una madre y tía posesivas que supo ver en el arte una válvula de escape. Aquí hay derivas sobre la pareja, la bohemia, la maternidad (es madre de Migue, único hijo de Charly), la turbulenta vida del rockstar, los excesos, la sexualidad y el hecho de ser mujer en un mundo hostil. “Decidida y moderna para la época, le di directamente mi teléfono. Nada de andar histeriqueando” recuerda acerca del momento en el que le habló al músico de bigote bicolor por primera vez. La riqueza de estas memorias, escritas en un tono despojado y sin el auxilio de ningún ghostwriter, radica en una mirada displicente y autocrítica pero alejada del rencor en torno a un hombre al que supo amar y a una sociedad que la criticó con saña (llegaron a decirle “la Yoko Ono” argentina acusándola de la separación de Sui Generis). Yorio narra un testimonio que no escatima crudeza pero ilumina las pequeñas miserias de la vida conyugal. Pablo Díaz Marenghi

La masacre de Kruguer, de Luciano Lamberti (Literatura Random House)

Imaginen un pueblito apacible donde lo más trascendente que pasa todos los años es una fiesta regional y toda la comunidad se conoce. Un día ocurre algo, una locura extrema: todos se empiezan a matar entre si. La masacre de Kruguer trata de encontrar un por qué. Ya todos conocen la maestría de Luciano Lamberti en cómo generar suspenso y terror pero en esta última novela se supera. Es adictiva. Capitulo a capitulo va develando el misterio, desde todas las aristas posibles: testimonios, descripciones, anotaciones policíacas. En tiempos de Netflix, Lamberti escribió la mejor serie de 2019 que no se filmó. Es un hit. Joel Vargas

 

Las mil y una vida de las canciones, de Martín Liut y Abel Gilbert (Gourmet Musical Ediciones)

En esta serie de ensayos críticos se analizan canciones argentinas que recorren el período comprendido entre 1908 y 1998. Esas nueve décadas emergen como el contexto que enriquece y problematiza el sentido de estas melodías propias de géneros diversos (como el tango, el folclore o el rock) en el sentido que plantea el etnomusicólogo peruano Julio Mendivil: las canciones son “asuntos sociales, procesos de negociaciones intersubjetivos que involucran a diversos actores (…) y que se renuevan constantemente (…), se mueven en rizomáticos vaivenes, ya sea en la interpretación o en la escucha”. La trashumancia es la columna vertebral de esta obra que se propone forjar una cartografía, caprichosa pero certera, de la música popular argentina. Por ejemplo, Norberto Cambiasso profundiza sobre la influencia que tuvo el “Concierto para piano N° 1” de Alberto Ginastera (1961) en la obra de Keith Emerson (pianista y miembro fundador de la banda Emerson, Lake & Palmer) y el rock progresivo. O Tomás Mariani analiza las derivas que tuvo “No me arrepiento de este amor” (1994), de Gilda, desde su versión punk a cargo de la banda Attaque 77 hasta su uso político en el balcón de la Casa Rosada durante la asunción de Mauricio Macri a la presidencia en 2015. Las canciones van modificando su significado histórico/cultural por medio de una disputa simbólica. Lo popular y lo masivo se hibridan. Allí radica su trashumancia dinámica y su multiplicidad de usos y reapropiaciones que cada uno de estos ensayos se encarga de dilucidar. Porque, jugando a alterar una popular letra de Led Zeppelin, la canción nunca es la misma. Pablo Díaz Marenghi

¿Cuándo es ahora?, de Johnny Marr (Malpaso)

Es posible rastrear una suerte de guerra fría entre Johnny Marr y Morrissey luego de la separación de The Smiths. Guitarrista/productor/manager/compositor de casi toda la arquitectura sonora el primero; frontman/cantante/vocero/compositor melódico el segundo. Ambos forjaron un dúo compositivo letal que funcionó, con potencia ignífuga, durante cinco años. Sentaron las bases de la escena madchester, el britpop y trastocaron para siempre al rock alternativo. Luego del fin de la banda, 1987, podría decirse que hubo una suerte de fuego cruzado tácito entre ambos. Cada uno, sin hablarse, transitó su senda en la música como le pareció. También, en las letras: Moz, con su ego gigante, editó sus memorias en la colección Penguin Classics y Johnny, con una carrera solista más escueta pero no por ello menos sólida, publicó las suyas hace menos tiempo. Allí expone sus comienzos en la música, su amor por la guitarra (“Tocar la guitarra significa todo” escribe en un texto incluido en un apéndice), la relación con su compañera, Angie, su ecléctica carrera solista, el ascenso y caída de The Smiths. “Los Smiths éramos un grupo político” afirma Marr y confiesa que, al principio, no le molestaba que Moz acaparara toda la atención de la prensa con sus declaraciones rimbombantes pero luego le empezó a llamar la atención que casi no nombrara al resto. “El estudio representó siempre para mí un refugio creativo” confiesa Marr en un tono testimonial que se aleja de la melancolía y lo consagra como uno de los músicos necesarios para explicar las derivas promiscuas del rock y pop durante el último siglo. Admirador de Sterling Morrison y de Keith Richards, fue tras la búsqueda de sonidos ominosos y opresivos que lo terminaron catapultando fuera del grupo con el que alcanzó la fama. Cuando se alejó de todo (su banda, sus amigos), Johnny Marr tenía tan sólo 23 años. Locura extrema. Pablo Díaz Marenghi

Leyden Ltd., de Luis Sagasti (Eterna Cadencia)

¿Qué tienen en común el grafitero Banksy, Jeff buckley , el Grupo de Arte Callejero, Ian Curtis y David Lynch? ¿Qué es lo que une a Julian Assange con Thomas Pynchon, Carlos Castaneda y las acuarelas de William Turner? El escritor bahiense Luis Sagasti se imaginó una suerte de sociedad secreta/logia que ampara a seres misteriosos y que, al parecer, se encuentra activa hace varias décadas. Lo interesante, más allá del hecho o de los límites (difusos, siempre difusos) entre realidad y ficción, radica en el modo elegido por Sagasti para construir su libro. A partir de notas al pie, que serían el único rastro de un libro perdido, el lector puede reconstruir, de manera fragmentaria y siempre incompleta, la historia de esta cofradía misteriosa. De un modo similar a lo hecho por Rodolfo Walsh en su cuento “Nota al pie”, Sagasti narra la presencia desde la ausencia. Desde el misterio de lo no dicho. Y se encarga de regar pistas al respecto por todas partes. Siempre de un modo sutil. En un pasaje, escribe: “El silencio eterno de los espacios infinitos me espanta”. Pablo Díaz Marenghi 

Entrevistas, de Miguel Briante (Mil Botellas Editorial)

Este volumen reúne algunas de las más destacadas entrevistas que Miguel Briante (1944-1995) realizó en los medios donde escribió (Confirmado, Primera Plana, La Opinión, El Porteño, Página 12). Notable periodista y escritor, se destacó entre fines de los sesenta y comienzos de los noventa. Queda claro, leyendo sus artículos, que debería leerse más. Sus dos grandes pasiones, la literatura y las artes plásticas, se expresan en la nómina de ilustres entrevistados que se presentan: Jorge Luis Borges, Leonidas Lamborghini, Juan Rulfo, Umberto Eco, Carlos Gorriarena, Alberto Heredia, Griselda Gambaro, Pablo Neruda, Julio Le Parc, Carlos Alonso, entre otros. Este libro abre con una entrevista hecha por María Moreno al autor en donde afirma que “hay un lector que hay que tener en cuenta. Que es preciso seducir, atrapar”. En sus entrevistas es perspicaz. Narra el trasfondo con herramientas literarias. Reconstruye la escena. El escritor mendocino Antonio Di Benedetto le confesará, en 1984, que sueña con ver Zama en cine. Deberán pasar 33 años para que Lucrecia Martel concrete su anhelo. A su amigo Ricardo Piglia, compañero de bares, le pregunta sobre la lingüística y la novela policial. Responde: “Para mí son la misma cosa (…). En las dos hay que descifrar signos”. El libro se cierra con un encuentro gestado por el diario La Opinión con Rodolfo Walsh en años convulsionados para la Argentina (1972). Allí Briante reflexiona entre el desconcierto: “Para mí, este es el peor momento para hablar de literatura, porque yo no tengo claro nada. Creo saber por qué (…) : la realidad me movió todo”.Cuando lo entrevista a Jorge Luis Borges y le pregunta si es consciente de su influencia, Briante tenía 25 años y le dice: “Toda mi generación está influenciada por usted”. A lo que Borges (con ¿humildad? ¿falsa modestia?) responde: “Yo diría más bien que las generaciones que siguieron tuvieron influencia sobre mí”. Lyncheano. Pablo Díaz Marenghi

La noche politeísta, de Luis Chitarroni (Interzona)

Es posible rastrear la trayectoria excelsa de Luis Chitarroni (1958) como editor de larga data. Creador del sello independiente La Bestia Equilátera, anteriormente editó, durante muchos años, en Sudamericana. De hecho, reconoce a Paco Porrúa como uno de sus mentores. Sus columnas en la revista literaria Babel son recordadas por su tenaz vocación crítica, su acidez e ironía a la hora de despedazar a cuanto tótem literario se le cruzara sin que le temblara el pulso. Ahora bien, ¿Cómo escribe ficción Luis Chitarroni? Su último libro, La noche politeísta, funciona como una muestra de un universo peculiar, deudor de las prosas rioplatenses más revulsivas: desde Felisberto Hernández pasando por César Aira, Osvaldo Lamborghini o su amigo Daniel Guebel, el Chitarroni escritor es una rara avis. Y expresa, también, una resonancia borgeana –no casualmente dio una conferencia, devenida en libro también en 2019, llamada Breve historia argentina de la literatura latinoamericana (a partir de Borges)–. En estos relatos despliega referencias literarias, genera situaciones bizarras y describe personajes atípicos que tejen guiños con sus  novelas anteriores (Peripecias del no y El carapálida) y entre los mismos cuentos. Al leerlos, queda la sensación de estar enredándose, cada vez más, en una madeja imposible de desatar. Pablo Díaz Marenghi

Ser payaso es cosa seria, de Alex Ayala Ugarte (El Cuervo Editorial)

Payasos huérfanos. Payasos que se caen y se golpean feo, saliendo por completo de su rutina. Payasos en una protesta. Payasos repitiendo los mismos trucos una y otra y otra vez. Payasos que pellizcan a los niños. Payasos que se burlan de los adultos que los contrataron. Payasos que se fuman un pucho a escondidas en los entreactos. Todo esto forma parte del universo que narra el español nacionalizado boliviano Ayala Ugarte en su crónica publicada por El Cuervo. El autor fue alumno de excelsos cronistas como Jon Lee Anderson, Alma Guillermopietro y Julio Villanueva Chang. Esto se nota en su prosa. Fresca y displicente, seria pero para nada solemne. Aquí hay datos, historia, citas a ensayos y películas. Hay un rastrillaje sobre el concepto de payaso. En tiempos de hype, funciona como una coda o lado B del Joker ya que, también, analiza la tragedia y la comedia como las dos caras de una misma moneda.  Pablo Díaz Marenghi

Biografía y ficción, de Damián Huergo (notanpuán)

A veces, se equipara a la realidad con verdad y a la ficción con mentira. Y es un error. Sin caer en el cliché del tema de Manu Chao devenido en programa televisivo del filósofo pop Darío Z, la realidad tiene mucho de mentira a la vez que la verdad tiene mucho de ficción. Dicho esto, es difícil distinguir donde empieza la verdad y donde termina la mentira en los cuentos que integran Biografía y ficción, de Damián Huergo. Ganador de la categoría cuento del Premio del Fondo Nacional de las Artes 2017, aquí se reúnen recuerdos, vivencias, andanzas juveniles que conmueven sin importar si ocurrieron en este plano, son fruto de la imaginación del autor o todo eso junto. Aquí hay nostalgia de la buena, hay emoción y añoranza. Hay rock. Hay amor, mucho. Y hay literatura robusta, de peso. Aquella que no necesita de florituras en exceso para emocionar. Tan solo una frase colocada con justeza en el momento preciso de la narración produce el efecto buscado. Una imagen potente: “Cada noticia que me llegaba era agarrar una botella rota con las manos desnudas”. Pablo Díaz Marenghi

Borges Profesor, Curso de literatura inglesa en la Universidad de Buenos Aires, Edición, investigación y notas de Martín Arias y Martín Hadis (Sudamericana)

Reeditado en 2019, recopila las clases de literatura inglesa que Jorge Luis Borges, nada menos, impartió en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires en 1966. Titular de cátedra desde 1956, Borges, ya ciego e imposibilitado para leer, despliega erudición y demuestra, de forma apasionada, su amor por las letras inglesas. Explica historia antigua británica y mitologías sajonas. Se detiene sobre el mítico Beowulf, el cristianismo, el romanticismo o la complejidad de William Blake. Elogia con pasión a los vikingos. Analiza figuras como la traición y la épica que aparecen de modo recurrente en su propia obra. Las notas, investigación y edición a cargo de Martín Hadis y Martín Arias es eximia. Las clases, desgrabadas y editadas a la perfección, están acompañadas de un anexo anglosajón que explica cada mención, poema y periodo detallado por Borges, además de un índice bibliográfico de las obras mencionadas y un apartado referido a las runas, el antiguo alfabeto germánico.  Borges, docente durante más de veinte años, despotrica contra la noción de lectura obligatoria. Dice: “Si un libro es tedioso para ustedes, déjenlo (…). La lectura debe ser una de las formas de la felicidad”. Hermoso. Pablo Díaz Marenghi 

Las diez puertas, de Elvio E. Gandolfo (Blatt & Ríos)

Al autor de estos relatos se lo suele destacar como crítico. Sin embargo, a la par de su obra periodística profusa, ha construido una obra notable con novelas, poesía, ensayo y cuentos. En este volumen, el más reciente editado por Blatt & Ríos, reúne diez piezas breves, diez puertas, que abren diferentes mundos posibles. A pesar del aparente lugar común de la metáfora del título, el escritor mendocino criado en Rosario escapa del cliché y se refugia en la autenticidad. Aquí hay ciencia ficción distópica y minimalista en “Muerte y resurreción de un padre”, hay costumbrismo tragicómico y aireano en “Silvia y el espacio” o erotismo en “La presa”. En uno de sus cuentos más bellos, “Bailando brota el amor”, escribe: “No me pidan que baile: Soy periodista”. Y más de un escribiente sonríe.  Pablo Díaz Marenghi 

El tiempo de la improvisación, de Alberto Giordano (Editorial Ivan Rosado)

Este libro recopila entradas de Facebook escritas por el docente y crítico literario rosarino, que cobró notoriedad en el mundillo con su ensayo El giro autobiográfico en la literatura argentina actual (2008) y funcionan como una continuación de El tiempo de la convalescencia (2017). El movimiento que realiza en estos textos breves es similar: aquí Giordano es Giordano al cien por cien: reflexiona en torno a sus clases, a la teoría literaria, al ajedrez, al jazz, Roland Barthes, Theodor Adorno, las librerías, sus viajes y las presentaciones de libros. Devela su proceso de escritura, sus jucios lapidarios en torno a la institución universitaria y académica. También aparece su intimidad: su primer orgasmo a los doce años, disquisiciones en torno a la memoria y el recuerdo, su familia y amores. Su lectura es un disfrute para aquellos que busquen erudición en la medida exacta tamizada del vértigo de la escritura en caliente. Se involucra entero: sobre la crítica actual, escribió un 25 de septiembre, está en juego “la transformación de uno mismo”. Pablo Díaz Marenghi 

Ocho, de Amy Fusselman (Chai Editora)

En Ocho la voz de la autora se mueve en la ambigüedad de una primera persona testimonial desde la primera línea. Fusselman se oculta en la ficción y se asoma a la realidad a través de un recurso que maneja con solvencia, en tanto borra la línea entre el diario, la autobiografía y la autoficción. Dividida en dos grandes partes, la novela se articula alrededor de dos de las más densas burocracias de la existencia humana que le toca afrontar a la narradora y protagonista: el duelo ―por la muerte de su padre― y el trauma ―a raíz de un abuso sexual sufrido durante su niñez. En este sentido, Ocho se puede leer como un alegato de parte que busca metabolizar los efectos, constitutivos y perjudiciales, de lo masculino desde una voz que no es otra que la de una mujer adulta capaz de ver, dimensionar y comprender lo que los hombres son capaces de hacerse a sí mismos y hacerle a los demás.

Con una impulsividad que solo puede encajar en los tiempos de posteos y actualizaciones del social media, Amy Fusselman no teme a ironizar o a quemarse con su obsesión con sentencias como “El deseo es escribir hasta que mi padre vuelva a existir. Sentarme aquí y hacer un encantamiento” ó “¿Qué hay en el hecho de que mi padre está muerto que hace que no pueda dejar de repetirlo?”. La voz de hija se sobreimprime sobre las demás ―la de mujer, la de esposa, la de madre― y solo logra tomar otro cariz hacia la segunda parte de la novela, cuando se enfrenta al desafío de criar a su hijo King y decide experimentar con una terapia alternativa para elaborar las consecuencias del abuso: “Los pedófilos están locos. Lo sé porque tuve uno. Tuve mi propio pedófilo”. Esta vez, el exorcismo, la revisión de su infancia, no es sino en función de un presente que conmina a Fusselman a explorar heridas para seguir adelante. Paula Puebla

De la trama al relato, Teoría y práctica del taller de escritura, de Irene Klein (comp.) (La Parte Maldita)

Aquí se problematizan experiencias concretas acerca de la enseñanza y aprendizaje en torno a la escritura. Se reúnen artículos de Carlos Aldazábal, Fernanda Aren, Osvaldo Beker, Carolina Bruck, Laura Di Marzo, Magdalena Giovine, Betina González, Silvana Meta, Alicia Montes, Ana Sarchione, Adriana Semelman, Patricia Somoza y Teresita Vernino. Irene Klein, su compiladora, es Titular de Cátedra de la materia Taller de Expresión I de la carrera de Ciencias de la Comunicación (UBA). Ella rastrea el origen y la importancia del taller en la UBA desde 1974, cuando Noé Jitrik créo el Taller de Escritura Experimental en la Facultad de Filosofía y Letras. En el libro se examina a la crónica urbana, la novela, la entrevista, la poesía, el cuento, la autobiografía y el diario de escritor. “A narrar no se aprende en la Universidad” escribió Piglia, citado por Laura di Marzo no sin un dejo de ironía, ya que el descomunal aporte de este colectivo autoral parecería demostrar lo contrario. El libro cierra con un dossier de consignas que ofrece una posibilidad de continuar lo ya hecho. Tal vez lo mejor aún esté por llegar.  Pablo Díaz Marenghi  

Tiempo pasado, una novela de Jack Reacher (traducción de Aldo Giacometti), de Lee Child (Blatt & Ríos – Eterna Cadencia)

Hace tiempo que el nombre de Lee Child se ha convertido en una referencia ineludible para la literatura policial occidental. Las editoriales independientes argentinas (primero Blatt & Ríos y ahora se suma Eterna Cadencia) vienen realizando un notable trabajo de edición y traducción. En este caso presentan una de las últimas novelas de la saga Jack Reacher publicadas por el autor. Este tipo recio, con anhelo de justicia pero sin moralinas que sabe qué botones tocar para resolver cualquier enigma que se le presente. Incluso en este caso, donde la acción transcurre, por un lado, en un pueblo perdido de New Hampshire y, a la vez, en un hotel donde ocurre algo raro que obligará a Reacher a resolver el misterio. La inteligencia de Child radica en sus construcciones narrativas. Uno imagina, mientras lee, a Jack Reacher despertándose en el medio de la madrugada luego de haber escuchado un ruido extraño gracias a ese narrador omnisciente que articula oraciones breves y diálogos precisos que remarcan la tensión durante sus 452 páginas. Lectura veloz pero, no por ello, ligera. Pablo Díaz Marenghi 

Verdad tropical, de Caetano Veloso (Marea Editorial)

Lanzado en el epílogo de 2019, esta reedición de lujo (con nuevo prólogo exclusivo para la ocasión) de las memorias de Caetano Veloso se ha colado, con justeza, sobre el final a la lista de lo mejor del año. De familia de músicos (hermano de María Betanhia, sus hijos también son músicos y lo acompañaron en su último show en el país), es uno de los cantautores más destacados de la historia del Brasil y un representante ineludible del movimiento denominado Tropicalismo, que reivindicó y actualizó la música tradicional brasileña. En estas casi quinientas páginas recorre su vida bajo dos premisas centrales: la conformación del movimiento Tropicalista (influenciado por el artista Hélio Oiticica y de la mano de amigos como Gilberto Gil, Gal Costa, Os Mutantes, Tom Zé, entre otros) y el dolor del exilio durante la Dictadura Militar (1964-1985). De hecho, uno de los pasajes más desgarradores es el relato de sus meses preso durante el Gobierno de Facto. Caetano despliega su formación cultural; pinta un fresco de sus años jóvenes y rebeldes a la vez que cita a músicos de rock, escritores, cineastas y artistas plásticos. Leerlo brinda placer a la vez que complementa su vastísimo universo compuesto por más de cincuenta (!) discos, películas y libros publicados. Vale la pena acercarse a un símbolo de la música popular brasileña que es, en sus palabras, “el arma más eficiente de afirmación de la lengua portuguesa en el mundo”. Pablo Díaz Marenghi 

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