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La poesía del baile

Luego de su despedida en Septiembre del 2014, Tobogán Andaluz volvió a brindar un show en vivo y esto fue algo de lo que pasó en dicha reunión entre tanto pogo, poesía y alegría.

Por Claudio Kobelt
Fotos de Gisela Arevalos

La despedida, el regreso, el reencuentro. Todo eso giraba en torno al primer recital luego de aquel parate de Tobogán Andaluz en Septiembre del 2014. En una reciente entrevista, Facu Tobogán decía que este show era “Una reunión para establecer las pautas de una nueva etapa inminente” y vaticinaba que sería una fiesta. Luego de haber estado allí, podemos asegurar que el cantante cumplió con creces lo prometido.

La Noche que estuve a punto de morir fue la banda encargada de abrir la velada con su blues denso de piel eléctrica y andar pesado, sonidos espesos atravesados por un post punk sombrío y cierta psicodelia setentista. Con un destacable trabajo de guitarra, coros encendidos y un baterista que toca fuerte y prolijo, el trio repasó temas de su ep debut y presentó algunos inéditos de su disco por venir.

La labor vocal (cierto tono y fraseo) más la fuerte presencia de la guitarra eléctrica en cada canción y su búsqueda sonora, recordaron por momentos a Maxi Prietto, con sus primeros discos solistas y algunos puntos de su Viaja al Cosmos, aunque aquí con una estructura mucho más formal en cuanto a melodía y bastante más oscura en sonido. Quizás lo que se le puede criticar a La Noche… es cierta repetición en la forma de algunas melodías, pero se trata de un joven, dueño de un presente activo y un futuro lleno de posibilidades y a eso deberíamos estar atentos: a su próxima y nueva mutación.

Con una improvisación instrumental a modo de última calibración y apertura, Tobogán Andaluz volvió a los escenarios tras cuatro meses sin tocar en vivo, y el tema elegido para abrir formalmente su show del regreso es “Siempre sueño las mismas cosas”. Ni bien disparado el primer acorde, un grupo de pibes comenzó a empujarse, a bailar esa danza salvaje de golpes y sonrisas que los de afuera del circulo veloz miraban con simpatía y timidez, y la seguidilla de “Seis de la mañana” y “Alfonsina en Marte” agregaron un poco más de nafta a ese incendio. Si lo transcurrido en estos cuatro meses hicieron mella en la memoria emotiva y en el registro de la percepción, sólo bastaron los tres primeros temas para recordar y revivir el sempiterno núcleo Tobogán: ese de energía juvenil cruda, efervescencia imparable, corazón de punk lo-fi y coplas folk crepitando vivas en una hoguera de canción alternativa y poesía alimentada por unos músicos infalibles y el talento indiscutido de su líder.

Luego de repasar varios de sus temas más conocidos y estrenar una canción nueva, los músicos hicieron un parate, entonces el poeta Sebastián Goyeneche, más conocido como Goyo, tomó el micrófono y recitó algunos de sus poemas. En la pausa creada entre la lectura de un texto y otro, Goyo pregunta si se entiende lo que va leyendo, y dice algo así –palabras más, palabras menos – como que “el pogo es todo lo contrario a un poema”. ¿Es tan así? ¿Es el pogo tan solo una manifestación enérgica y bruta, solo carne y espasmos sin pulir? ¿Es esta expresión solo una danza tosca sin mayor sentido? ¿O acaso es la metáfora corpórea más efímera, catártica y palpable de la alegría sin ataduras? Esos jóvenes que saltaban y se chocaban no eran bestias ciegas, sordas y mudas bramando furia. Eran seres desbordando energía y expresándola en forma directa de baile y contacto, la sensibilidad escribiendo nerviosa con el musculo y la fibra.

Si la etimología de la palabra poesía indica que se refiere a un concepto griego sobre convertir los pensamientos en materia, el pogo no es otra cosa que transformar el sentimiento de exaltación en acción física y sincera, porque –admitámoslo- no hay mentira alguna en un cuerpo desbordado de placer impactando con otro en igual estado. Una posible definición habla del poema como “la expresión artística de la belleza por medio de la palabra”, y en este caso, el de esta noche en el show Andaluz, el pogo desatado es la expresión corporal y compartida de la belleza de la música movilizando los sentidos, el recuerdo y la emoción.

Bienaventurados los capaces de expresar, compartir y vivir ese goce con libertad, y poderosos aquellos dotados como Tobogán Andaluz que generan, despiertan y desatan esa serpiente movediza que trepa por la medula y se sacude inquieta en el interior.

Tobogán volvió al escenario e hizo gala de su costado más suave y dulce con “Esperando la primavera” y “Coney Island”, canciones unidas por esa idea de la tardía recompensa luego de la espera. “Chica del Tonebank” y “Una foto del verano” fueron las elegidas para volver a activar los cuerpos volando y la fuerza centrífuga de aquellos chicos y chicas moviéndose en comunión, que encontró su clímax para el cierre con “Lo que más quiero”.

Una vez terminado el show, los cuerpos finalmente descansaron, se sentaron en el piso, se retiraron en paz. Esa noche han escrito poesía con sus torsos, sus piernas, sus gritos. Poemas inspirados por esas melodías tiernas y febriles, movimientos/pensamientos garabateados en el espacio donde le dijeron al grupo algo de lo recién cantado: “No hay corazón que aguante contra tu canción”.//z