La Fiesta de los pibes sin calma

Tobogán Andaluz, Riphle, 3Pecados y 107 Faunos fueron los encargados de hacer brillar la segunda fecha del FestiPulenta Vol. 15.

Por Claudio Kobelt

Fotos de Natalia Motorizada

La noche prometía calor. Del aire, del humano, de la canción, y no defraudó. La segunda fecha del FestiPulenta Vol. 15 comenzó con Tobogán Andaluz, banda debutante en los menesteres Pulenta, que sumió al público en el maravilloso poder de sus melodías. Las cabezas iban y venían acompañando el beat andaluz, marcando una dulce marea de ritmo. Este cronista aguarda con ansiedad que Tobogán repita fecha en el Festi, y toque cada vez más rápido y mas fuerte, hasta dejarnos rotos de amor.

Una pareja entre el publico comenzó a besarse desaforadamente, acariciándose y mordiéndose sin pudor, desde el minuto cero hasta el ultimo segundo del show de Riphle, quizás inducidos por esos alaridos sentidos y melodías enfermas que explotaban desde el escenario e iban montadas sobre una locomotora rabiosa de ritmo sin frenos. Los Riphle tocaron envueltos en una nube roja de acordes y acoples, emitiendo calor  y energía en cada canción. Un montón de pibas bailaban como en un mantra esas tonadas con ciertos aires nirvaneros y psicodélicos, al taco de distorsión y poder.  Si ese baterista no pasa a la lista de Drummer´s Heroes de nuestro país, tiren esa lista ya. Y en medio de un acople interminable y bellísimo, patearon la batería, se descolgaron los instrumentos, y se fueron del escenario, dejando a más de uno preguntándose “¿Qué acaba de pasar?”. Riphle pasó.

Otra  vez, el público: Un amigo le dijo a otro “3Pecados es onda El Mato a un policía metalizado”. Ambos se rieron, y el amigo pareció darse por satisfecho con la referencia metalizada. Algunos instantes después, los Pecados subieron el escenario dando otro show que quedaría en la memoria. Desde el primer verso entonado por su cantante, Pau O’ Bianchi, la gente levantó sus brazos y coreó emocionada cada estrofa. Las delicadas pero intensas canciones de los 3Pecados indujeron al público feliz y agradecido en un estado de emoción constante y se desplegaron los primeros pogos de la noche.

El Zaguán estaba colmado, parecía por momentos no tener techo, un pequeño cielo de estrellas se generó por lo que salía de los parlantes de esas tres bestias sonoras. Encandila”,  “Diciembra”, la maravillosa versión de “El Ojo Blindado”, cada tema fue una celebración y un triunfo del corazón. Justo a una hora del inicio, los 3Pecados abandonaron el escenario,  dejándonos a todos pidiendo, implorando, un pronto regreso, un nuevo cielo y más estrellas.

De nuevo, el público: Salían a tomar aire, a beber una cerveza helada, a descansar y seguir hablando de lo que había pasado, y lo que pasaría. La noche estaba lejos de terminar y algunos ya se acomodaban cerca del escenario, expectantes del cierre de esta edición pulenta, con una de las bandas que más fiesta, fuerza y energía tiene en la escena: 107 Faunos. Una versión algo extraña de “Fiesta de cerezas” dio lugar al verdadero comienzo del show con “Noche Spooky Tropical”, y el baile instantáneo. Es realmente contagioso ver el público de los 107, con tantas sonrisas, y  escucharlos cantar a volumen pleno, celebrando el imaginario Fauno. “Pretemporada”, “Muchacho Lobo”, “Muñecos de prueba”, “Incertidumbre” ¿Alguna canción que no sea 100 % disfrute y espíritus en combustión plena? ¿Alguna qué no queramos cantar y bailar sin parar? Es imposible. 107 Faunos es la celebración del cuerpo y el sentir en perfecta comunión de luz y poder. Es un lugar donde te abrazas feliz con gente que no conoces y cantas acerca de un Bart Simpson mal dibujado. Es el triunfo de la canción sobre todo lo demás que ya no importa. Un final a puro baile y pogo con Félix Sisti Ripoll entonando “Boxeador Mejicano”,  dejo en claro lo que todos ya sabíamos: 107 Faunos es uno de los grupos más interesantes y revolucionarios del país, cada show no hace más que reafirmarlo.

El público comenzó a retirarse despacio y tranquilo del Zaguán, exhaustos de otro Festipulenta energético. Pero lejos de irse, la mayoría se quedó en las veredas hablando, riendo, celebrando la unión. Media cuadra de gente sentada en la calle, recordando, organizando futuras fiestas y bandas.  Facu Tobogán, de Tobogán Andaluz, tocó algunas canciones con su criolla en el umbral de una puerta,  la cerveza y la sonrisa recorrieron los labios. De pronto un amigo me dijo, señalando el gentío que acampaba a las 4 de la mañana cantando canciones de amor: “¿Ves esto? Esto es el Festipulenta”. Tenía razón. La celebración, el espíritu, el poder de la canción impactando en los corazones sensibles que entran en comunión con los artistas y con quienes lo rodean. La unión y la fuerza, que se hacen mutuamente. Se nos fue otro Festipulenta, una fiesta de pibes sin calma.