Fun People: Diez canciones

Recordamos a una de las bandas más emblemáticas de los 90 con una selección de sus canciones más descatadas. Pogo, mosh y slam de la mano de Fun People. 

Por Pablo Díaz Marenghi y Gonzalo Penas

Existen varias claves para leer la década del noventa argentina: neoliberalismo, pizza & champagne, el uno a uno, los productos importados, las privatizaciones, el desguace del Estado, la pobreza extrema.

En la cultura, se volvían cada vez más tenues los gritos desaforados del llamado “Destape”, aquella “Primavera Alfonsinista” que tuvo a Cemento y al Parakultural como los principales teatros de operaciones y a Luca Prodan, Miguel Abuelo, Federico Moura, Vivi Tellas, Batato Barea, La Organización Negra, Fernando Noy, Verónica Llinás, Alejandro Urdapilleta y el Indio Solari, entre otros, como maestros de ceremonia.

Pero por debajo de todo esto, en sótanos oscuros, en fanzines y cassettes intercambiados por correo, se encontraban, también, los jóvenes punk. Como Patricia Pietrafesa, por ejemplo, que con Resistencia marcó una época dentro de la cultura fanzinera nacional y tocaba el bajo en Cadáveres de Niños. Y también había un pibe que vivía entre Zárate y Campana, a setenta y cinco kilómetros de la Capital Federal, que escuchaba esa música, era activista por los derechos de los animales y la ecología, escribía y dibujaba sus propios fanzines y cantaba encima de los vinilos de Iron Maiden a los gritos. Ese pibe era Carlos Rodríguez, quien sería conocido como Nekro y se convertiría en el cantante de Fun People. Otra clave, imprescindible, para entender el lugar que esa banda ocupó a mediados de los noventa en Buenos Aires, la escribió el periodista José Bellas en un artículo: tomaron “la infancia como un paraíso perdido activando ungüentos de ternura donde la fachada debía ser pétrea y agresiva”.

Foto: Instagram @funpeopleband

Fun People logró desmarcarse del movimiento llamado Buenos Aires Hardcore. Aquel eco refractario de la movida neoyorquina de corte, por momentos, casi miliciano, no tenía mucho que ver con un grupo que tocaba hardcore punk pero, también, ska y bolero o surf rock y rockabilly. Que se definía como una banda de “harcore gay antifascista” para alejar a los skinhead que habían empezado a acercarse a sus shows por el solo hecho de matarse en el pogo. A ese grupo que cantaba por el aborto legal (lanzó un simple en conjunto con las She-Devils al respecto) y abrazaba a Madres y Abuelas de Plaza de Mayo en tiempos en donde no era para nada sencillo apoyar dicha causa.

Por eso, a veinticinco años del lanzamiento de su primer disco, Anesthesia (1995), ArteZeta seleccionó diez temas de manera caprichosa como no podía ser de otro forma a modo de homenaje, reivindicación y recuerdo de una banda que nunca deja de estar vigente y que siempre valdrá la pena sumergirse a ver qué tienen para aportar sus canciones, sus letras, su ideología y sus sonidos como alaridos de disconformidad que aún son válidos en los tiempos que corren. Algo así como un trueno que retumbó en una época oscura y cuyas esquirlas aún resuenan.

“Ánimo / Estoy a tu lado” (Anesthesia, 1995)

Una pequeña intro de bajo que luego se va a repetir con la batería y la guitarra y “amigos a pasarla bien’’, como dijo Nekro en la grabación de Cuando Cae El Sol, aquel VHS de un show en Arlequines donde se ve la potencia de la banda en sus primeros años. A mediados de la década del noventa muchas bandas le cantan al descontrol, a los excesos y al ‘’reviente’’. Pero Fun People arranca su primer disco oficial gritando ‘’no puedes caer tan bajo nuevamente, estás atrapado, tan lejano, tan lejano, tan lejano, debes volver’’ y, como si fuera una declaración de principios, le empieza a cantar a otra generación. O a la misma pero con otros intereses. Mientras músicos consagrados se espejaban con sus oyentes en baladas de amor/desamor, escandalizaban a la prensa por nombrar una sustancia prohibida o alimentaban lo que hoy conocemos como ‘’Rock Pomelo’’, por el recordado personaje de Capusotto, surgía un banda que en el track que da inicio a su disco debut llamaba a no bajonearse y lo enganchaba al segundo track donde le aseguraban al oyente que lo iban a acompañar y que siempre iban a estar a su lado ‘’mientras falsos ideales idiotizan a tu gente’’ y luego se pregunta por qué hay que seguir una bandera en esta sociedad. El llamado a reflexión para ser uno mismo —explícito en la letra— se repetirá en otras canciones (‘’Rebel Pose’’, en el siguiente disco por poner un ejemplo) y también será una característica en la banda que siempre renegó de tener etiquetas. No confundir y pensar que las letras van en clave de mensaje de autoayuda, o como contraposición a las bandas que le cantaban a la depresión. Por el contrario, están acompañadas de la distorsión y los gritos que serían característicos en el género que ellos mismos autodenominaron HcGaiAntifascista, para expulsar a toda persona de ideología fascista que —equivocadamente— frecuentaba el punk por esos años, como así también para diferenciarse del patriarcado que comandaba el Buenos Aires Hardcore. Gonzalo Penas

“Anabelle” (Anesthesia, 1995)

Si bien la cuestión del VIH-Sida había sido tratada en películas, novelas o mismo en canciones (“HIV” de Attaque 77, por citar un caso) y discos a beneficio (las compilaciones de la Red Hot Organization), la banda cuenta en esta canción la historia de una chica que se contagió por una transfusión sanguínea (nada de ‘’peste rosa’’, de desinformación o de minorías). Más aún, canta que sus amigos la hicieron a un lado pero que él la acompañó hasta el último día cuidándose y con responsabilidad. Una canción que más allá de su dura historia generaba conciencia, en una época donde abundaban las campañas publicitarias al respecto, pero no desde la inocencia, la culpa o el miedo sino desde el más profundo amor. Gonzalo Penas

“Mantiene tu espíritu con humor” (Anesthesia, 1995)

A priori, el disco debut de Fun People podría haber sido uno más de los tantos longplay de bandas hardcore punk lanzados en los noventa. Sin embargo, por más de una razón, trascendió al gueto y hoy es recordado por su peso propio. Para empezar, la tapa, con aquel adolescente suicidado. Algo que podría significar trágico se vuelve, a la vez, dulce y tierno al aparecer rodeado por un perro, peluches y colores de una historieta para niños. A lo largo de sus nada menos que veintiocho temas, se construye un universo que podría resumirse en la siguiente metáfora: una flor pintada con crayones que crece en el pantano de la sordidez noventista más nefasta. En ese sentido, dentro de todos esos tracks, aparece “Mantiene tu espíritu con humor” como uno de esos temas que busca dar un mensaje positivo más allá de la mierda que uno puede estar atravesando. Algo que se volvió un leitmotiv en la banda y en la posterior carrera solista de su cantante, luego rebautizado como Boom Boom Kid. Debe tenerse en cuenta la época, de crisis y desigualdad, y el receptor del mensaje: el joven, muchas veces errante, desempleado, perdido. Desde lo musical se destacan el riff de guitarra, la batería machacante y la voz gutural de Nekro que ya comenzaba a plantarse como una de las principales del género. Cuya potencia, cuenta, quizás haya sido producto de que el micrófono les llegó casi dos años después de comenzar a ensayar en Campana a fines de los ochenta: tenía que cantar al aire, gritar, para que se lo escuchara por encima del volumen de los instrumentos. Así ganaría robustez en su voz. En el medio, el inconfundible silbido del estribillo y una frase que reluce por sobre el resto. Podría ser, tranquilamente, parte de una payada de José Larralde y se ha convertido en graffiti de una generación: “Nada es para tanto y tanto no lo es todo”. Pablo Díaz Marenghi

“Fácil venir” (Toda niño sensible sabrá de lo que estamos hablando, 1997)

“Fácil venir” ya había aparecido cantada en inglés en Kum Kum (1996), el segundo disco oficial de la banda, y tenía una versión acústica en Desarme y Sabores. Pero en Toda niño sensible sabrá de lo que estamos hablando (1997) tiene su versión en castellano y eléctrica. La militancia por la libre decisión sobre el propio cuerpo siempre fue un tema recurrente en canciones de Fun People. Meses después saldría el Split junto a She Devils llamado El aborto ilegal asesina mi libertad, que tenía dos canciones de cada banda y se solía repartir con un fanzine. Pero en esta canción invierte el orden de un mismo problema: una chica que es obligada a abortar por los padres porque en el barrio la miran de reojo y hablan mal de la familia. A salvo el orgullo patriarcal de la familia, la chica confiesa que quería tener al bebé y que quedó herida de por vida. Gonzalo Penas

“Espirito del 77” (Toda niño sensible sabrá de qué estamos hablando, 1997)

Toda niño sensible sabrá de qué estamos hablando (1997), con aquella tapa que contenía dibujos garabateados por Nekro (“la camita”, “el chupetin”, “patineta”) sería el último que grabaría la que, para muchos, fue la mejor formación de la banda: el de rastas blondas en la voz y al frente de las letras, Chuli en bajo, Gato en batería y Lucas Sequeira en guitarra. Estas catorce nuevas canciones profundizarían el sonido hardcore y mutante que habían consolidado en Kum Kum (1996) y continuarían dentro de una lírica que oscila entre lo introspectivo, un mensaje de amor sin fronteras y el compromiso social. “Spirito del 77” —nuevamente un juego con el lenguaje en el título— apela a un regreso a aquella impronta de los primeros punks que hicieron culto del do it yourself. Fanpi advertía con sus canciones sobre las falsedades y los caretajes propios de una década del noventa cuya frivolidad chorreaba por todas partes. También uno podría pensar, por qué no, en el 77 argentino. En tiempos de indultos y políticas estatales que priorizaban el “perdón y olvido” antes que “Memoria, Verdad y Justicia”, Fanpi se solidarizaba con Madres y Abuelas de Plaza de Mayo y hacía canciones como “1978 (Camps Days)”, que puteaba contra los milicos genocidas, en particular, contra Ramón Camps. “Spirito…” posee un ritmo frenético pero más propio del punk clásico, más melódico y no tan acelerado. Comienza con un recitado potente que incita a la rebeldía, a la resistencia y denuncia las vidas asesinadas por los Estados Terroristas. Afirma: “Seguimos de pie. Por amor, seguiremos”. Un mensaje libertario en el buen sentido, antes de que Milei y compañía bastardeen el significado real de un término que supieron enaltecer nombres como Severino Di Giovanni y Kurt Gustav Wilckens, anarquistas que Nekro homenajeó en letras, tapas de discos y que descubrió con ayuda de la obra del enorme Osvaldo Bayer. Pablo Díaz Marenghi

“Si pudiera” (The Art(e) of Romance, 1999)

En el repertorio de Fanpi, muchas veces crudo, voraz y corrosivo, había tiempo para el romance. El amor, más allá de inundar la mayor parte de la obra de la banda, también aparecía como tópico para una balada clásica que obligaba a bajar un cambio en los shows en vivo que, en su mayoría, se trataban de dosis irrefrenables de pogo, mosh y slam. Un ejemplo de esto es “Si pudiera”, que se convirtió en un clásico inoxidable. Su intro de trompeta, tarareada hasta el hartazgo por los fanáticos, se volvió una marca registrada de la emotividad que producía esta banda. En dicha canción se narra la historia de un joven que cayó en prisión, no se sabe bien por qué motivo, y que le confiesa a su amor que debió ocultar algunas cosas “por el bien de ambos”. Aquel disco, que marcaba el debut de Gori en guitarra y fue producido por el mítico Steve Albini (Nirvana, Pixies), llevaría la foto del anarquista Wilckens en la portada, como homenaje al vindicador del asesino de la “Patagonia Trágica”, el Teniente Coronel Varela. En el tema aparece el recitado, otro yeite recurrente de Nekro, y se cierra con un grito que supo convertirse en un sello único. Un aullido que toma prestado, tal vez, algo de Morrissey y de Miguel Abuelo. Pero, más allá de cualquier semejanza, adquiere una originalidad inconfundible.  Pablo Díaz Marenghi 

“Vientos” (The Art(e) of Romance, 1999)

Uno de los pocos temas de Fun People que cuenta con videoclip. Allí se ve a Gori en guitarra, Marcelo en batería, El Pelado en bajo y a Nekro, de remera manga larga celeste y bermuda deportiva, salta mientras toda la banda es empapada por una lluvia de papel picado mientras se intercalan imágenes de pibes que andan en Skate. La letra, otro lugar común del grupo: tratar de hacerle frente a todo lo malo y construir un mundo mejor desde la autogestión y el amor sin caretas, y no desde el feng shui palermitano y el discurso de autoayuda híper lavado que propulsaban ciertos medios masivos. Desde el sonido, se percibe una diferencia en la guitarra. Se nota la impronta de Gori que comienza a hacer mella en el grupo: guitarrista más versátil e influenciado por una tradición más del rock and roll clásico circa Keith Richards, sus riffs aportan una complejidad que esquiva al punk más clásico del que venía embebida la banda y aporta nuevos matices. Otro clásico de Fanpi, y de Nekro en general, se exhibe en este tema: mezclar español con inglés y otros idiomas. Hasta, incluso, inventar palabras: “escudo dido contra maldad”. Se convirtió en un clásico entre los fans de la primera hora y en uno de los mejores temas dentro de un subgrupo que podría describirse como: “Canciones para levantar el ánimo y darle pelea al tedio cotidiano”. Pablo Díaz Marenghi 

“Never Knows” (The Art(e) of Romance, 1999)

¿Una canción sobre una persona sin un género en 1999? Sí. Fun People escribió una letra sobre vivir libremente la identidad de género. Un chico al que le encantaba ‘’jugar’’ a ser mujer y que cuando nadie podía ‘’controlar’’ —podría pensarse en la vigilancia familiar o en todo su entorno— encuentra el espacio para expresar quién es libremente. La segunda parte de la canción invierte la situación, ‘’niña de día, hombre a escondidas’’, y agrega que sin género son sus días y su vida. Una bellísima canción inclusiva que abrió mentes y sentó un precedente que en el rock denominado alternativo aún no tenía espacio. Gonzalo Penas

“F.M.S.” (The Art(e) of Romance, 1999)

Punk californiano al taco, con Black Flag a la cabeza. Acá los Fun People despliegan toda su furia y potencia en un track híper fugaz. Cuarenta y nueve segundos les alcanzan para lanzar un escupitajo en la frente del patriarcado e indagar dentro de sus propios prejuicios y limitaciones en tanto hombres y en tanto parte de una escena que aún le costaba dejar atrás al machismo, a pesar de contar con referentes mujeres de peso, como Patti Smith, Kathleen Hanna o Patricia Pietrafesa en Argentina, entre muchas otras. Aquí se vuelve al sonido más crudo y a la voz gutural del disco debut y se deja bien en claro un mensaje anti patriarcal: “Fuck Male Supremacy”, algo así como “A la mierda con la supremacía masculina”. Y la crítica incluye, de manera directa, al hábitus del público de rock: “Woman in the back, men in the front” (“Mujeres arás, hombres al frente”). Se referían a los conciertos: ¿Por qué sólo los tipos en el pogo y las mujeres a un costado o detrás? Algo que, con el tiempo, se modificó y hasta el día de hoy se observan cambios. Resulta interesante escucharlo en una canción de fines del Siglo XX. Con el justo crecimiento del feminismo en términos de masividad, estos planteos comienzan a ser más habituales. Ni vanguardia iluminada ni privilegiados: los Fanpi lo dejaron inmortalizado en una canción así como tantos otros y otras lo han gritado y manifestado desde hacía mucho tiempo. Pablo Díaz Marenghi

“Oro” (Angustia no, no, 2000)

Como una despedida que era un secreto a voces, Fun People sacó hace veinte años un disco que dejó llena de himnos —muchos de los cuales luego cantaría Nekro ya como Boom Boom Kid, pero eso es historia para otro capítulo— su propia discografía. Lo titularon Angustia no, no. No es un error de tipeo, sino que se reafirma la negación a la angustia, nada de despedidas tristes y solemnes. Entre otras canciones que hoy son muy recordadas se encuentra ‘’Oro’’. Hay dos caminos para pensar esta canción de un minuto. Primero la estructura —similar, no casualmente, a ‘’Ánimo’’—, la repetición de una idea: ‘’podemos ser pobres pero nuestro corazón es un palacio’’, como así también el mensaje a los gritos sobre el final de la canción: ‘’y no voy a volver mi vista atrás dejando un resplandor que ya no existe más. El futuro va a ser mejor’’. Si la banda se inclinó siempre por canciones que van por lo positivo, no iban a dejar una despedida nostálgica. Mucho menos melancólica. Y, lejos de plantear una incertidumbre sobre el futuro, Nekro aseguraba bien fuerte que por más que el fin de la banda estaba sellado no había que angustiarse por el pasado, sino que había que llevar lo conseguido —autogestión, contracultura, inclusión— al futuro cercano. Gonzalo Penas //∆z