El invierno final

En la vigilia de la primavera 2014, cuatro grupos muy interesantes y muy disímiles se juntaron para recibir la temporada  y agitar un nuevo calor.

Por Claudio Kobelt
Fotos de Nat Motorizada

Con un impactante y demoledor comienzo, la velada inicia aullando una distorsión que bien podría definirse como la justa mezcla entre Pantera y Sonic Youth, cortesía de Agrupación Musical Ayrton Senna, el nuevo grupo de Reno González junto a Juan Pablo Menchón y Federico Santa Ana y encargados de abrir la última noche de invierno en La Gran Jaime de Capital con su trío de sonoridades inclasificables

La música que brota del escenario pareciera ser la banda de sonido para la explosión en pleno vuelo de la última nave espacial, por su textura  etérea, su fibra cósmica y su perpetuo aroma a fina destrucción. La energía implota, el núcleo se expande, y miles de sonidos emanan desde la guitarra en una eufonía noise inabarcable. Cuando una balada suena, la voz de Reno se para firme frente a la tormenta, estoica, pareciendo romperse en mil partes pero sumamente invencible, profunda y sincera, y es entonces cuando la nave espacial estalla en cámara lenta abriendo un tajo hondo en el pecho del cielo. Para el final arremeten con una versión killer de “Nro. 2 en tu lista” de Los Fabulosos Cadillacs, y el pedido de bises por parte del público obliga a los músicos a volver a colocarse los instrumentos y tocar el cover de “Sabés!” de Bestia Bebé. Este de Ayrton Senna ha sido un show-viaje, una travesía espacial sin cuerpo ni tiempo, donde los sonidos se funden entre el grunge, el folk y el noise dando como resultado un fuego hermoso y de infinito calor, con las esquirlas del ruido impactando en el blanco de nuestra vibrante percepción.

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Luego es el turno de Los Leños, otro power trío pero con una propuesta diferente que se apoya sonoramente en la particular voz de su cantante. Suaves melodías alternativas que recuerdan a lo mejor de los noventa y principios del 2000 por ese ritmo pop en dulce amalgama con la  energía rock y una sensibilidad clara. Hay una tinta urbana inundado las melodías, un aliento de ciudad sonando como un motor de fondo en cada una de sus canciones.  El ritmo se dispara y el bajo serpentea veloz e implacable. El beat acelerado moviliza y contagia un baile ágil e irresistible. Vaya una mención especial para Los Leños, un excelente ensamble para seguir de cerca y volver a ver.

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El próximo en subir al escenario es Javi Punga, que empuñando una guitarra criolla y acompañado de un tecladista y un bajista ataca de entrada con un arsenal de sus temas más conocidos: “Vamos a estallar”, “Tanta Belleza” y “Nena Stone” son los primeros en sonar y en hacer cantar a los presentes. Punga es un juglar pop luminoso, de otra era, o mejor dicho de ninguna en especial. Dueño de un encanto atemporal que todo lo tiñe de colores fuertes, de una luz tan palpable que nos abraza y nos mueve hasta hacernos sonreír.

Cuando Javi deja la guitarra criolla y toma la eléctrica, nos vuelve a recordar que estamos ante uno de los artistas más inquietos y prolíficos, que se reformula una y otra vez y nos regala bellos paisajes instrumentales y climáticos para inducir al más profundo de los trances pero solo para volver a hacernos bailar, como sucede hacia el final del set con su antológica versión de “Asalto Comando”, de Antolín, y otro de sus clásicos, “Chica Cheta”. Punga es un campeón, un peso pesado del amor canción, un superhéroe pop recargando los corazones con un puñado de melodías y estribillos imbatibles.

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El cierre de la jornada llega con The Hojas Secas. El grupo de La Plata vuelve a los escenarios luego de un largo parate y sus huestes se agitan felices frente al escenario desde el comienzo con “Nos pasa lo mismo” y “No sé qué hacer”, temas con los que estalla el pogo salvaje. Cuerpos y voces festejando las canciones y el regreso de este rocanrol crudo, puro y áspero que se desangra en la voz de Lucas Jaubet, uno de los mejores cantantes de la escena por su presencia, su garganta siempre a punto de romperse y el alma ardiente en cada palabra dicha, como un hombre dragón escupiendo llamas rojas de canción. Los Hojas se dan el lujo de tocar un tema nuevo llamado “Noches” -muy bien recibido por el público-, al que le pegan ese bolero incandescente llamado “Sole”, incluido en su primer disco junto a “Pagar los impuestos”, que tocan a continuación.

Hay una catarsis profunda en todos esos pibes empujándose, una felicidad innegable en todos esos chicos y chicas cantando a viva voz cada una de las canciones, como si se le fuera la vida en apoyar esas letras, como si toda esa alegría se multiplicara por mil al hacer propios esos versos, quizás porque solamente no exista otra manera de vivir esas canciones que no sea con todo el cuerpo y el sentir atento. El final del show llega con otro tema nuevo pero el pedido no se hace esperar: “¡Tocá ‘Convidé’ loco!”, y Hojas cumple con un cierre a puro poder, haciendo que las flores se abran de golpe, las mariposas salgan a volar y un nuevo calor se inicie derrotando para siempre al frio, de una vez y para siempre.//z