Cristóbal Briceño: “Me interesa que mis canciones funcionen en diferentes niveles”

Cristóbal Briceño tenía dos discos listos para presentar este año con su banda Ases Falsos. La pandemia pospuso esos planes pero no le impidió seguir trabajando en diferentes proyectos. De esos proyectos y de más hablamos con el músico en esta entrevista.

Por Juan Martín Nacinovich

En “Plácidamente”, de Ases Falsos, Cristóbal Briceño canta: “Estoy de acuerdo con la duración de los días / estoy de acuerdo con la duración de la vida / estoy de acuerdo con el tranco irregular del tiempo”. Hoy, con la pandemia y el aislamiento, esos bordes se desdibujaron a niveles impensados. Sin embargo, el incansable cantautor chileno continúa en movimiento y al acecho de nuevos estímulos que le permitan hacer lo que mejor sabe: canciones. “Todo pasa, no sé si mejora o empeora, yo veo que llevamos varios miles de años más o menos igual, pero todo pasa”, afirma Briceño a propósito del porvenir.

Artesano de la música con vocación de aventurero y alma de storyteller, durante el último lustro se lo vio especialmente activo, con un haber de álbumes que engrosó entre colaboraciones, experimentos y misceláneas, grabando más de diez larga duración. Con Ases Falsos, la banda de su vida (previamente Fother Muckers), ya tiene dos nuevos discos cerrados y pulidos, Chocadito y Tacto, que iban a presentar este año. “No creo que sea buena idea publicarlos en este momento. Con Ases Falsos trabajamos mucho los discos en vivo, quiero decir que los tocamos harto, y no quisiera sacar material nuevo sin poder mostrarlos en concierto. A diferencia del resto de mis grupos, Ases Falsos es una banda en vivo”, asegura.

A su proliferación se le suman pequeñas grandes aventuras bajo diversas formas: con el dúo Núñez Briceño lanzaron Cumbias Guitarreadas (2018), un disco de follaje acústico donde se le animaron a algunas cumbias legendarias y otras reversiones castellanizadas –y cumbietizadas– de grandes baluartes como The Kinks y Marvin Gaye. Tres años antes, junto a Juan Pablo Wassaf (ex Teleradio Donoso), formó el Dúo Niágara y regalaron otro álbum exquisito, abocado más bien a una paleta de sintetizadores vintage. Ambos dúos, tan disimiles como atractivos, están enmarcados por el baile. Y la lista continua: Los Mil Jinetes, Las Chaquetas Amarillas, La Estrella Solitaria, discos de covers, reinterpretaciones de Virus, Chayanne, Javiera Mena, Lito Nebbia y Marta Sánchez. Su última andanza fue internacional, cruzando la cordillera de los Andes para formar Los Castigos, un grupo de cuore argentino, rosarino específicamente, que armó junto a Valentín Prieto, Germán Bertino, Pablo Giulietti y Federico Toscano, del sello discográfico Polvo Bureau. El resultado se conoció hace pocos meses a través del maravilloso Polvareda (2020).

Tanto en su carrera solista como en sus múltiples proyectos, el cancionero de Briceño tracciona de manera versátil entre historias cargadas de situaciones cotidianas y otras no tanto, amores truncos y otros no tanto, la gran tormenta que tape esta pesadilla, el dulzor de la melancolía y la existencia de un más allá genuino. Su impronta lo impregna todo a lo largo de su discografía, velos que se quitan uno a uno, con un sonido personal bien sujetado, a raigambre, que se repite y se perfecciona canción tras canción. Un compositor que embate fuertemente contra el tiempo. De forma inconsciente o no, Briceño parece haber descubierto una especie de secreto, da la sensación de que sabe algo que los demás no.

ArteZeta: ¿Cómo funciona una banda bicéfala, que tiene una mitad en cada lado de la cordillera? ¿Cuánto influye la distancia, sobre todo a la hora de tocar y de ensayar?

Cristóbal Briceño: Por supuesto, no somos la banda que más toca del barrio. Pero para la grabación los chicos se prepararon como corresponde, muy a conciencia. Su ejecución en el disco no deja espacio a dudas, es de alto nivel. Luego yo me incorporé a ellos lo mejor que pude. Y creo que el resultado suena auténtico, porque creo que nuestra amistad musical es auténtica.

AZ: ¿Cuál es tu nexo con Rosario? ¿Cómo llegaste allí? ¿Encontraste a Polvo Bureau o Polvo Bureau te encontró a vos? Pareciera que hay un hilo fantasma que te ata a la ciudad.

CB: Polvo Bureau me encontró a mí, a Dios gracias. Primero editaron un casete mío, en 2014, llamado Deja un rato piola, y luego me invitaron a tocar con Ases Falsos al festival Otro Río, en 2016. Rosario es increíble, no es necesario que yo lo diga. Dan ganas de tener asuntos pendientes ahí.

AZ: Si bien tu impronta característica está presente a lo largo del disco, por momentos se percibe otro registro, como un cambio de argot más profundo. ¿Intentaste una tonada más argentina?

CB: No me di cuenta. De hecho, como los muchachos cantan harto en el disco, mi idea era que ambas fonéticas convivieran. Quizás se me confunde con alguno de ellos. Me acuerdo, eso sí, de un caso puntual, una frase en “Un día menos” que dice “a la vieja que me tira encima el jeep”. Ahí le pedí a Germán, quien grabó una hermosa armonía, que moderara lo de “ship” porque me parecía que musicalmente entorpecía.

AZ: En el videoclip de “Un día menos” se te ve piloteando una avioneta. ¿Cómo fue la producción? ¿Hay intertexto con “Romance te puedo dar”, de Dragon Ball, con Bulma mirando por la ventanilla de su avión? Habías hecho tu versión en tu disco de covers Amigo de Lo Ajeno (2014). También aparece una máxima aplicable a los días de hastío e incertidumbre que corren: “un día más es un día menos”.

CB: En alguna entrevista ya conté que no soy yo realmente el que va piloteando, y que iba más preocupado de no morir que de otra cosa. Y aunque nunca me había subido a un planeador, tuve que poner mi mejor cara de “acá no pasa nada, otro día cantando a mil metros de altura”. Qué divertido lo del paralelo con Dragon Ball, no se me hubiese ocurrido. Pero me gusta la idea de ser Bulma. Por último, no creo que el hastío y la incertidumbre sean exclusivos de la cuarentena, creo que nos seguirán haciendo compañía.

AZ: En “Sion” cantas “ya no quiero saber qué pasa en el mundo hoy”, en paralelo a estos tiempos, abrumados por la infinita sucesión de noticias de mierda. ¿Intentas aislarte un poco? A propósito de la salida de tu nuevo disco solista, En tu rincón (2020), en una entrevista hace poco mencionabas que ese rincón realmente existe: que vivís en un cerro que está en un rincón de Limache, y que tu casa está en un rincón del cerro y tu puesto de trabajo en el rincón de tu casa ¿qué lugar tiene la naturaleza en tu trabajo, en tu vida?

CB: Esa letra está basada en un librito de Isaac Bashevis Singer que se llama El Penitente, una de sus tantas maravillas. Y también en mi experiencia. Siempre trato de darles a mis letras la forma de un poliedro, esto es, que tengan varias caras, y que estas caras se muestren más o menos dependiendo del punto de vista del oyente. Me interesa también que funcionen en diferentes niveles, y que al rascar la corteza vayas encontrando otras capas. Por ejemplo, el estribillo de esa canción dice “Oye el eco de nuestra desolación” y el coro responde “Sion, Sion, Sion”, que es, efectivamente, el rebote de la última sílaba de desolación, ¿no? Pero también es el nombre de la antigua Jerusalén, o más bien de la ciudad amurallada que estaba sobre un monte en el mismo territorio y que es la “fortaleza herida en acción” de la canción. Luego, la frase “ya no quiero saber qué pasa en el mundo hoy” tiene que ver conmigo, con identificar la hiperconectividad como una trampa evasiva que te aleja de ti mismo, pero también con la actitud asumida por los judíos ortodoxos de cortar relación con la vida mundana, y de hacer deliberadamente lo contrario de lo que hacen los idólatras. Hay un pasaje muy bonito que dice: “Con frecuencia he escuchado a los judíos mundanos decir: ‘¿Cómo puedes saber que Jacob o Moisés vestían gabardina de satén el Sabbath?’ Y yo les digo: ‘Moisés no imitaba a los adoradores de ídolos de su época y nosotros no debemos imitar a los adoradores de ídolos de la nuestra’. Si alguna vez se diera el caso de que los mundanos se pusieran gabardinas de satén, entonces los judíos piadosos habrían de llevar chaquetas”. Es similar al famoso: “Cuanto más lejos estoy de lo que usted representa, mejor soy”, de Marcelo Bielsa. Para terminar con esta respuesta que ya se me fue de las manos, la naturaleza. ¿Qué lugar tiene? Preponderante, por supuesto. Me someto a ella y trato de ser un buen hijo.

AZ: Lo citas a Bielsa, un tipo muy curioso, en toda la dimensión de la palabra. En Argentina tiene muchos fanáticos y fanáticas, pero también hay cierto resquemor por el mundial Corea-Japón 2002. En cambio, en Chile es una suerte de prócer. Sentó las bases de todos los éxitos que tuvo la selección chilena en la última década. ¿Qué significa el loco Bielsa para vos? ¿Lo seguís?

CB: Lo lindo del impacto de Bielsa en Chile es que no está asociado a éxitos concretos. No se lo quiere porque ganó la Copa América ni porque le haya ido bien en el mundial, de hecho en Sudáfrica nos fuimos en octavos contra Brasil, igual que en nuestros últimos tres mundiales. Ahora, visto en retrospectiva, su responsabilidad en los recientes triunfos del fútbol chileno es obvia. Cuando hace casi diez años se fue del país por motivos políticos de la Federación (Chilena de Fútbol) todo Chile, hasta la gente menos futbolera, lo sintió como la partida de un familiar. Fue admirado honestamente por su filosofía y ética de trabajo y eso en Chile es rarísimo. Acá estamos acostumbrados a valorar solo lo cuantificable, la ganancia contante y sonante. Esta es la tierra del fin justifica los medios, acá al que se hace millonario estafando lo hacemos presidente. Entonces fue algo especial. Desde que fui papá, hace largos seis años, dejé de consumir tanto fútbol. Y estos últimos cuatro años no he tenido señal de cable, entonces es muy poco lo que veo. Pero sigo las noticias de Bielsa, veo los compactos por YouTube y me alegra que le vaya bien.

AZ: ¿Cómo afectó la pandemia y la cuarentena en tu rutina? ¿Tuviste que posponer planes? ¿Se trabaja más desde y con la virtualidad?

CB: Se cortó la vida de todos, obviamente. Pero donde se cierra una puerta, se abre una ventana. Ahora estoy ocupado grabando voces de algunos discos en los que participo, trabajo que tenía acumulado, y me va a faltar cuarentena para terminarlo. Mi relación con el mundo virtual no ha cambiado, hay mucho que hacer en la casa, especialmente con una hija.

AZ: Con todo este presente, ¿qué lugar le das al ocio? Imagino que ser padre conlleva tiempo completo, pero quizás te haces tus huecos.

CB: ¿Sabes? No sé qué es el ocio, realmente. Si se refiere al tiempo libre, no quiero sonar arrogante, pero tengo la suerte de poder considerar todo mi tiempo como libre. Quiero decir, tengo la posibilidad de elegir qué hacer con mi tiempo, todo un privilegio. Mi trabajo no se detiene, no tengo fines de semana ni vacaciones, pero me proporciona gran placer, aun cuando no todas sus etapas son fáciles. En cuanto al tiempo que demanda mi hija, que es bastante en cantidad y en intensidad, he tenido la libertad para elegir entregárselo. Hay padres que simplemente pierden la opción de responsabilizarse. Y con ella tenemos muchos gustos en común, por ejemplo ahora estamos leyendo una hermosa edición de Robinson Crusoe que encontré en el verano, despreciada en un cajón de libros usados. Nunca lo había leído. Es increíblemente entretenido y no sabía que era tan viejo, de 1719. Toda la tradición de relatos de aventura bebe de esa novela. Con mi hija, entonces, el deber se mezcla con el llamado ocio. Pero si ocio es leer un libro o ver una película, no sé, esas son para mí experiencias formativas que tengo en el más alto nivel de valoración. No puedo considerarlas distractivas. Por el contrario, reclaman mi total concentración. Me entrego por completo e inevitablemente impactan en mis relaciones y en mi trabajo. Tal vez sea que me tomo la entretención demasiado a pecho. Dicho en chileno, me gusta huevear en serio. Entonces no sé cómo abordar la pregunta. Quizás cuando más viejo cobre sentido para mí esto del ocio. Ojalá que no. No quisiera verme matando el tiempo.

AZ: ¿Barajas la posibilidad de que la situación actual no mejore? ¿A qué te aferras? ¿Podemos o debemos esperar un mundo mejor?

CB: Acá en Chile estamos en la mitad de un asunto, así que hay esperanzas de que algo mejore. Para mí eso significa que la clase política pierda un poco del inmenso poder que ostenta y maneja con absoluta negligencia, cobardía y estupidez. Ese es un tema interesante. ¿Son estúpidos los políticos? El primer impulso, en vista de su trabajo, es responder con un rotundo sí. Pero luego los intelectuales te llaman la atención, por supuesto que no son estúpidos, dicen, y parte de su éxito estriba en que nosotros los creamos estúpidos cuando en realidad tienen todo controlado al dedillo, fríamente calculado. Y luego hay una tercera vuelta de tuerca: uno se pregunta ¿pero es que no se puede ser un ganador y además ser un estúpido? ¿No es incluso la estupidez un requisito para ambicionar la riqueza material ilimitada? ¿No es negarse a compartir la muestra concreta de un ser humano esencialmente estúpido? No sé, para mí la inteligencia tiene que ver con dispersar y repartir el poder. Y, como Unamuno, no creo que existan los tontos buenos, pues la verdadera tontería no puede ser compatible con la verdadera bondad. Y lo mismo puede decirse de los inteligentes malos.

AZ: Volviendo a la música, ¿cómo decidís que canción va para cada proyecto? ¿Qué lo define?

CB: La intuición.

AZ: En tu nuevo disco solista te grabaste por tus propios medios, ¿quién o quiénes te enseñaron a grabar? ¿Era algo que venías trabajando desde antes o estar en aislamiento te empujó a aprender?

CB: Echando a perder se aprende. Quiero decir que ya llevo catorce años grabando discos, siempre mirando sobre el hombro de la persona que lo está haciendo. Con la experiencia, uno va familiarizándose con las diferentes herramientas y fases del proceso. Aprendí mucho de Andrés Zanetta, de Los Mil Jinetes, aunque él también es autodidacta. Y, por supuesto, escuchando mucha música y afinando el oído, preguntándome cómo habrán hecho esto o aquello. Haciendo memoria, ya había grabado antes un disco solo, el primer Amigo de lo ajeno, muy simple pero efectivo. Igual no veo en la total autonomía algo deseable, me gusta trabajar con otra gente, me gustan la conversación, la camaradería y la colaboración.

AZ: ¿Podrías grabar un disco a distancia, por ejemplo de Los Castigos, con ideas e influencias de más gente orbitándote cerca, o por ahora es más sencillo trabajar tu costado solista?

CB: Podría ser, por ahora vivo el día a día, acá en Chile está la cagada, no sé sabe cuándo va a terminar este asunto porque todavía no tocamos fondo. Uno entiende que el problema es global y biológico, pero es que además el gobierno se ha encargado de hacer todo mal, preocupados únicamente de su imagen, siempre sacando cálculos políticos mezquinos. Y esa ha sido la tónica invariable de los últimos treinta años, hacer como el médico cobarde, que cura mal o cura tarde.

AZ: ¿Qué disco de otra banda, o cualquier obra de otro autor o autora, produjo en vos el efecto que te gustaría producir en la gente que te escucha?

CB: ¿Se me permite soñar? Quino. Lo que ha hecho ese hombre por mí es impagable. Lo tengo como el observador total. Y su punto de vista parece siempre el adecuado, ni arrogante ni ingenuo. No trata de darte lecciones morales y sin embargo te las da. Maneja los tiempos con maestría y te cuenta tanto con lo que te muestra como con lo que no. Es simple y es complejo, denso y liviano, se fija en los fondos y en las superficies, en la forma y el contenido. Sabe que todo puede ser importante, pues todo forma parte de ti. Ama los detalles y me invita a amarlos. Y me hace reír a carcajadas mientras en el corazón me clava una estaca. Es lo máximo para mí.//∆z