Chillan las bestias: “No queremos ser una mueca del tango ni un cliché”

ArteZeta conversó con la banda uruguaya-argentina sobre Casi Farsante, su tercer disco que propone un cambio de piel para estos humanos animalizados hacedores de un ensamble rockero, arrabalero e insomne

Por Carlos Noro
Fotos: Martín Darksoul

El caudal del Río de la Plata tal vez sea la mejor manera de definir a Chillan las Bestias. En la orilla montevideana, los hermanos Pedro Dalton y Marcelo Fernández, también parte de Buenos Muchachos, como exponentes. En Buenos Aires, la guitarra eléctrica de Luis Filipelli, el bajo de Pablo Ferrajuolo, los teclados de Franco Varise, el violín de Marcos Camisani y la batería de José Navarro como una orquesta de largas noches insomnes. Y en la corriente del río la fuerza del rock, la determinación del tango, la oscuridad de los ochentas.

Chillan Las Bestias construye una ciudad ominosa y literaria donde los personajes deambulan en búsqueda de esperanza o sufriendo ante la ausencia de la misma. Dalton y Varise ensayan una explicación de lo que significó Casi Farsante (2020), el tercer disco del grupo, que propone un cambio de piel para estos humanos animalizados.

ArteZeta: Un farsante es alguien que intenta fingir o convencer a otros de algo que no es. Este personaje en particular ni llega a serlo, se queda en el “casi”. ¿Quién es este personaje para ustedes?

Pedro Dalton: La letra de “Casi Farsante” es una letra rápida y gestual que intenta mostrar la idea de alguien trucho. Es un personaje ficticio pero está basado en la realidad. Y, además, es el personaje más arrabalero y la vez nocturno del que hemos hablado hasta el momento. Es alguien que la va de oscuro, de algo que no es, y se le nota rápidamente. No llega a engañar, ni a él ni a nadie.

Franco Varise: Es el charlatán que sabe de todo y habla por demás. Es alguien que pretende explicar cómo es la vida, que intenta dar clases de algo. Si uno sale a la noche seguro se encuentra con alguno y más en Buenos Aires (risas). Por otro lado, la letra tiene una dimensión de desesperación, de esa persona que se da cuenta que anda por la vida haciendo eso sin ni siquiera creérsela él mismo. Es consciente de esto y eso le genera cierto grado de angustia.

Foto: Martín Darksoul

AZ: ¿Cómo se traslada esto a la idea de ponerle nombre al disco? Los dos primeros no tenían nombre.

PD: En una primera instancia la idea era hacer una trilogía de discos no tuvieran nombre, que la gente lo llamara como quisiera y que tuvieran animales en la tapa: la vaca, el mono y este iba a ser el del cuervo sin ningún tipo de título. En el medio, en 2017 falleció Marcelo “Chacha” Chiachiare y algunas canciones pertenecen a él. Por eso decidimos dejar un díptico con los dos primeros y ponerle nombre a este tercero para marcar una relación con los anteriores y a la vez no, porque hay nuevos integrantes. En mi cabeza el nombre era perfecto y una especie de resumen del disco. Cuando lo charlé con la banda compartieron que era interesante que apareciera un nombre.

AZ: ¿En qué punto resume el disco?

PD: Creo que la banda está tomando una dirección diferente respecto a lo anterior. Aquello arrabalero tan marcado, que arrastrábamos desde Ángela Tullida (N. de r.: Varise, Ferrajuolo, Chiachiare y Camisani eran parte de la banda), venía reemplazándose por cierta influencia de lo electrónico que termina de tomar forma en la canción “Casi Farsante”. El resultado aparece en esta canción que tiene algo de lo que para nosotros es pop y algún que otro elemento arrabalero.

FV: La idea de pop para nosotros remite a un sonido más abierto, porque principalmente nosotros venimos del rock, del tango. No escuchamos pop en el sentido más estricto del término. La idea fue soltarnos un poco, principalmente porque lo anterior en algún punto nos tiraba para atrás. Tendíamos a desarreglar nuestros temas para que no fueran lo que naturalmente eran. Con mucho esfuerzo enrarecíamos las canciones para que no sonaran pop, hasta que en este momento nos encontramos que sin enrarecer las canciones sonaban de determinada manera. Eso nos gustó y lo dejamos fluir. Ahí quedó una cosa más cancionera que supongo que va a seguir, principalmente porque encontramos algo ahí.

Fue un hallazgo entender que funcionamos mejor cuando entendimos que las cosas fluyen y no nos trabamos tanto en “afear” las cosas para sentirnos identificados y que suene más oscuro, más tanguero, o que remita a otra cosa. Creo que vamos a seguir en ese línea y en ese punto seguirá lo tanguero, porque se da desde la instrumentación. Lo que no queremos es ser una mueca del tango ni un cliché, porque nos gusta. Lo curtimos pero no somos tangueros, ni nos interesa serlo. Nuestra cabeza está puesta en un sonido de melancolía rioplatense que tiene algo de tango, canción popular uruguaya y que incluye un montón de cosas pero no tiene un género que nos marque. De hecho le huimos a los géneros puros. En eso está la voz artística que vamos desarrollando.

AZ: Una cuestión muy evidente en la atmósfera general del disco es que tiene un sonido orgánico, con mucha presencia de violín y piano, pero suena rockero. ¿Hay un gesto musical de decir que para hacer rock no se necesita solamente distorsión?

PD: Comparto con Franco que acá no hay un género. Los géneros pasan por nuestra boca como algo gracioso, no como una intensión. Lo que sí sabemos es que este es un disco de rock nato sin guitarra distorsionada y donde aparecen dos instrumentos que no son tan frecuentes en el rock. Ahí está lo gracioso, es rock pero en una primera oída parece que no lo es.

FV: No nos gusta el lugar común del rock en el que cualquiera que pisa una distorsión hace rock. La cultura rock no tiene que ver con eso. Se vuelve muy aburrido y previsible. Tampoco nos importa demasiado esa cuestión de pertenencia que también proclama el rock. Nosotros tenemos estos instrumentos y con estos instrumentos intentamos tener un pulso rockero y, por suerte, no nos cuesta demasiado. Ya nos acostumbramos a esa impronta y nos sale solo, tanto desde el violín como desde el piano. Igualmente todo el mundo menciona estos instrumentos como la clave de nuestras canciones y, para nosotros, nuestra obsesión es el bajo.

AZ: ¿Cómo es eso?

FV: Nos define un sonido, por eso usamos un bajo gordo y muy al frente. Después, marca la parte rítmica. Tenemos un bajista que es muy “de autor”. Eso viene de Ángela Tullida, donde no usábamos bombo en la batería. Eso hizo que el bajo volara independientemente de eso, por lo que insistimos que haga algo distinto. Entonces, el bajo y la voz son nuestros dos ejes. El bajo es el alma la canción. En la mayoría de las bandas funciona como un complemento. Nosotros armamos una canción y Pedro le da una identidad propia. Entonces, desde esos dos lugares se definen las canciones.

AZ: ¿Cuál sería esa voz artística?

PD: Hay un montón de música. Puede estar Nick Cave, Tom Waits, Bauhaus, Sisters Of Mercy, Einstürzende Neubauten, Tindersticks, junto a cosas de tango como el “Tata” Cedrón. De todo. Pongo un ejemplo: cuando comenzamos a juntarnos teníamos dos temas grabados y recibo la instrumentación de un tercero acá en Montevideo, que luego fue “La bestia”. Los escuché la primera vez y dije “esto es horrible” (risas) al punto que viajé a Buenos Aires sin saber qué decirles. Llegué al ensayo, empecé a cantar y me salió una voz de no sé dónde. En eso está la columna vertebral de la banda más allá de la música que escuchamos y compartimos. 

FV: Nosotros somos nosotros porque no hay nadie que pueda entender nuestra cabeza y cómo funcionamos. No hay manera de entender cómo funcionamos y cómo pensamos. Nosotros lo sabemos pero es difícil transmitirlo fuera de nuestro círculo. Hay mucha confianza en el otro, que lo que va a hacer va a estar bien. Tenemos mucha confianza en lo que nos gusta.

AZ: Las letras remiten a la literatura realista y que, como ficción, crea un mundo imaginario. ¿Hay una especie de ciudad real pero que al mismo tiempo no lo es en las canciones?

PD: Una de las canciones del disco, “C.a.B.a”, se arma con imágenes de Buenos Aires hasta que se transforma en la Buenos Aires real, cuando esto era un paisaje descriptivo y una sensación térmica a partir de estar presente en una manifestación el día que asumió Cristina Kirchner. Ahí sentí la calle temblar y quise describir eso. La diferencia es que no está escrita por un argentino, sino por un uruguayo. Eso me convierte en una especie de voyeur. Observo algo distinto a lo que pasa en mi país y eso me pasa con un montón de letras. No soy alguien particularmente observador, sino sensitivo. Camino la ciudad solo y describo sensaciones que tienen algo de abstracto y algo visual para vibrar lo que pasa. De hecho, a mi cuesta muchísimo relatar una historia en una canción. Siempre voy hacia lo abstracto.

FV: Creo que nuestra música sugiere mucho y tiene una dimensión cinematográfica o literaria. Esas sensaciones se pueden enganchar con eso que describimos.

AZ: De alguna manera, hay una especie de Aguafuerte Porteña ahí, atravesada por la idea de caminar la ciudad y relatarla.

FV: Arlt es una influencia que creo que va más por el lado del sentimiento o en lo que nosotros creemos que él veía. Ahí hay una identidad y creo que Pedro tiene la cualidad de parar esas antenas y recoger sensaciones cuando camina o hace algo. Eso es difícil de conseguir.

PD: Todo lo que leo lo meto en la licuadora y sale lo que escribo. Por otro lado, hay algo de coincidencia porque cuando estábamos en el tramo final de composición del disco estaba leyendo de corrido El juguete rabioso, Los siete locos y Los lanzallamas y quedé conmocionado.

FV: Creo que hay un tono de Arlt y de otros autores que tienen una identidad y un aire que nos encanta retomar y recoger en esto que es rock, algo que es difícil porque tal vez ingresan con más facilidad en géneros más tradicionales. Creo que nosotros buscamos construir nuestra identidad a partir de la identidad que creemos que tiene el Río de la Plata. Eso se arma con retazos de literatura, de música, vida, paisajes, vivencias y convivencias.

AZ: Han mencionado que al disco había que “soltarlo”. ¿Qué quiere decir eso?

PD: Creo que implica no quedarse en una situación que puede ser nociva para la banda que puede implicar comparar con el pasado. Lo que hicimos durante este año fue soltar, no realizando un salto al vacío, sino yendo a un lugar en el que estuviéramos copados. Esto es un ejercicio para la vida de cada uno. Acá quisimos soltar la idea de que las cosas tenían que ser de determinada manera y lo nuevo es una manera de entender hacia dónde va una banda que cambia permanentemente.

FV: A veces soltar parece que se refiere al tema de “Chacha”. Chillan es una banda de amigos, de hermanos. Ojalá no tuviéramos que soltar nada de eso que ocurrió. La otra vez leí alguien que decía “me gustó el disco pero se lo extraña a Chacha”. Eso me dolió mucho, porque se lo extraña más allá de su aporte las guitarras. Era un hermano para nosotros que, incluso, tuvo como último deseo estar arriba del escenario hecho mierda. Fue un dilema para nosotros, que nos hizo preguntarnos si estaba bien que viaje a Montevideo junto a su compañera y nosotros en ese estado. Lo tuvimos en el escenario en esos shows porque era lo que él quería y estuvo literalmente hasta el último día en Chillan. Luis Filipelli era muy amigo de Chacha y no vino a reemplazarlo, entonces no está bueno que se lo vea solo como un reemplazante. Esto es otra etapa que nos hace pensar en el futuro porque nosotros tampoco somos los mismos. Tenemos que ir para adelante, no nos queda otra. Extrañamos a Chacha cada minuto pero ya no está. Todo esto también implica este disco para nosotros. //∆z 

Foto: Martín Darksoul