Antolín: caminando un invernadero sin techo

Antolín edita Cajas de cereales abiertas sin premio, un nuevo Ep que lo reconfirma como el cantautor sensible, poético, y hacedor de la más luminosa oscuridad.

Por Claudio Kobelt

Salir del invierno caminando hacia la primavera. Dejar que el sol comience a entibiarte la cara y observar como los primeros colores naturales vuelven a aparecer. No se trata de sol pleno de picnic y  de colibríes cruzando el cielo, sino de ese primer instante donde las lluvias abundan, las flores se asoman indecisas con pereza y timidez, y donde el frío viene a recordarnos cada tanto que el invierno no ha quedado tan atrás. Algo de ese momento de cielo gris y follaje brotando lento, de pétalos en incipiente desarrollo pero lejos de la explosión multicolor, algo de ese clima en tranc(e)isión se percibe en el nuevo disco de Antolín llamado Cajas de cereales abiertas sin premio, un álbum inmerso en la más profunda melancolía, pero esa de grano grueso, visible, palpable, de esa saudade de domingo por la tarde pensando en el pasado pisado y en todo lo que no vendrá.

El imaginario del mundo pintado por Antolín, con lápices de colores y fibras gastadas, es tan hermoso como triste, tan trágico como encantador. Y por la simple razón de que ese mundo es  el mundo real, del cual Antolín toma una instantánea, una captura detenida, una mirada interna y empática en un instante del tiempo y la reflexión, donde los raperos lloran en soledad y los pibes toman coca cola en la oscuridad del mundo.

El disco abre con “Nostalgia del Futuro”, una canción que desde el titulo deja claro lo que plantea y desarrolla: ¿Se puede tener nostalgia del futuro, añoranza de lo desconocido?  Si hay “pasión por el pasado”, y “Hoy todo está empeorando”, entonces claro, el futuro siempre se ve alentador. Las luces del mañana iluminan más, y los desconocidos siempre sonríen mejor.

En “Cajas de cereales abiertas sin premio” vuelve a rondar esa familiar sensación de sinrazón, de no tener rumbo ni sentido, de perder (palabra que se repite varias veces en la canción)  todo  aquello que se tiene y no se posee. “Perdemos la noche planeando el futuro / todo lo que no vendrá” dice en el estribillo, en completo dialogo con la canción anterior, tras la descripción de unas bellas imágenes de tristeza y soledad.

Recostado bajo la lluvia / Hay veces que quiero rendirme” canta Antolín en el primer verso de “Platillos Voladores en el Bosque”, donde vuelve a hablarse de derrota, de pérdida, de dejarse vencer, y en “Posters de poetas” nos sumerge en la oscuridad de la habitación y ese rincón sombrío como el refugio para la soledad y la crueldad del mundo exterior.

Luego de acompañarse de una banda, potenciar sus canciones, y elevar la calidad del sonido para su anterior placa El Susurro de las estrellas, no se sabía qué esperar de Antolín en su futuro discográfico: si habría una continuidad de la nueva sonoridad e instrumentación, o un regreso al Lo-Fi original y a las canciones con guitarra y voz cruda. Pero Antolín encontró la forma de hacer ambas cosas y ninguna a la vez. Acompañado de una pequeña pero justa e impecable banda formada por Diego Darrigrán (Koyi Kabutto) en bajo y coros, Guillermo Ruiz Díaz (Dra. Muerte en El Mató a un policía motorizado) en batería y percusión, Agustín Spassoff (Chatran Chatran en Emaupm) en guitarras y José María “Peta” D’Agostino en efectos y theremin, el disco presenta un clima pequeño, íntimo, con una atmosfera de ayer y con un sonido abrazándote por dentro. Canciones dulces, unidas temática y sentimentalmente para corear a los gritos repletas de referencias pop y guiños a la más mundana y cotidiana realidad, un microcine para uno y su soledad de pie.

Entonces a caminar la primavera, la primera, la que acaba de nacer, la que anochece temprano y está lejos del calor. A Caminar las primeras tardes de septiembre soplando dientes de león contra el viento. A buscar refugio en la capucha del buzo gris y pedirle a la lluvia que no te llueva, decirle que bañe a las nuevas flores, que limpie las veredas, y que cada gota baile un vals con cada canción de Antolín, que solo de esa manera el futuro se verá mejor, eterno, y terriblemente posible.//z